jueves, 15 de enero de 2026

Petróleo para Cuba cambia coordenadas de México

 



  En una mañanera de finales de año, la presidenta Claudia Sheinbaum quiso explicar la relación con Cuba, pero usó medias verdades y llegó a una conclusión falsa, que aún repite.

  Con base en informes que, según dijo, le envió la Secretaría de Relaciones Exteriores, aseguró que México “formalizó” una inversión en una refinería cubana, pactó asesoría y exploración de crudo en la isla, condonó a Cuba una deuda con Petróleos Mexicanos (Pemex) y que “todos los gobiernos” mexicanos han establecido acuerdos petroleros con la isla.



La presidenta Claudia Sheinbaum en la conferencia mañanera del 22 de diciembre de 2025. Imagen tomada de la transmisión en vivo



  Es cierto que el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) comprometió en 1994 una inversión en la refinería de Cienfuegos, pero la oferta nunca se consumó. Meses después Cuba declaró inviable el proyecto.

  También es verdad que, en 2012, el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012) ofreció asesorías y exploración petrolera en la isla pero, otra vez, la idea quedó en el papel.

  Y es cierto que Enrique Peña Nieto (2012-2018) condonó en 2013 el 70 por ciento de una deuda de 487 millones de dólares del Banco Central de Cuba (BCC). 

  El acreedor, Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext) de México, explicó el trato como una quita de intereses y recargos y consideró recuperado el principal. No tuvo que ver Pemex.

  Sheinbaum omitió, en cambio, un episodio importante: la reestructuración en 2008 de la deuda, fijada entonces en 413 millones de dólares, del BCC con Bancomext.

  Era un adeudo comercial, originado en los años noventa, que entró en litigio en 2002, porque Fidel Castro, dentro del conflicto con Vicente Fox (2000-2006), retiró la garantía, que estaba constituida por el flujo de caja en moneda fuerte de la principal telefónica cubana.

  El pleito llegó a demandas en París, Turín y La Habana y un embargo a favor de México en Italia. Provocó el cierre del mercado cubano a importaciones mexicanas y causó gastos de cientos de miles de dólares de ambas partes durante seis años. 

 La condonación de Peña Nieto era sobre la misma cuenta que ya había arreglado Calderón, pero que de nuevo entró en mora.

  El 3 de agosto de 1980, el mexicano José López Portillo (1976-1982) y el venezolano Luis Herrera Campins (1979-1984) firmaron en la capital de Costa Rica el Acuerdo de San José, un mecanismo para ofrecer  crudo a Centroamérica y el Caribe con créditos blandos.

  El fondo político eran las guerras civiles que entonces estremecían a países centroamericanos y el interés por respaldar al resto de naciones empobrecidas de la región.

  Ambos países petroleros usaron esa vía para ayudar a estabilizar la zona y tratar de evitar así que el conflicto se desbordara. Cuba quedó fuera.

  Para compensar la exclusión, un día antes de la firma del pacto López Portillo hizo una visita oficial a La Habana, en plena crisis migratoria desde el puerto de Mariel. Fidel Castro lo recibió en una Plaza de la Revolución a reventar y ambos cruzaron encendidos discursos elogiosos.

  Meses después, López Portillo hizo explorar una segunda alternativa: un enroque de clientes, según el cual iría petróleo soviético a España y crudo mexicano a Cuba. Tampoco prosperó.

  Nadie lo dijo entonces abiertamente, pero en privado era reconocido el veto de Estados Unidos.


Las líneas rojas


  En resumen, no hay un flujo “histórico” de petróleo crudo entre México y Cuba, como reitera la presidenta y esos productos no están vinculados a los arreglos de deuda, que han tenido otros orígenes y rutas.

  Por el contrario, el petróleo crudo ha sido una de las líneas rojas que no habían cruzado ambos países durante décadas. 

México ha vendido a Cuba, al menos desde el gobierno de Fox, pequeñas cantidades de derivados (combustóleo, gasóleo, grasas y aceites lubricantes, mezclas y petroquímicos), de acuerdo con registros del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. 

  Andrés Manuel López Obrador emprendió el suministro de crudo y gasolinas, que aumentó con Claudia Sheinbaum, según los informes disponibles.

  Durante semanas la presidenta ha ofrecido que hará públicos los datos del flujo durante su mandato, lo que sin embargo no ha ocurrido hasta mediados de enero. Las estimaciones de cantidad y valor circulan a partir de cálculos de fuentes independientes (el mejor seguimiento es el de Jorge Piñón, de la Universidad de Texas; hay datos aislados de informes de Pemex a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos).

  Además de la necesidad de transparencia y rendición de cuentas, es poco útil para la presidenta sostener con medias verdades un enfoque vergonzante, que intenta restar relevancia a su decisión. 

  Ha dado un giro a la relación bilateral, pero parece que intenta presentarlo como parte de una tendencia “histórica” y exponer una imagen de continuidad.

  Al quedar, como indican los reportes disponibles, como principal fuente de suministro petrolero a Cuba, en remplazo de Venezuela, México acaba de potenciar su capacidad de influencia en la isla. Fortalece su peso regional, agrega un punto llamativo en la nutrida agenda con Trump y queda en nueva posición tras el reacomodo mundial surgido el 3 de enero.


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