jueves, 27 de abril de 2023

Cuba: el mito y el desencanto



   Versión de mis palabras en la presentación del libro El mito y el desencanto. Literatura y poder en la Cuba revolucionaria (Ariel, 2022), de Andrés Ordóñez. Fiesta del Libro y la Rosa, UNAM, 23 de abril de 2023 


  Diplomático y escritor, Andrés Ordóñez pertenece a esa tradición de la cual él mismo se ha ocupado en Devoradores de ciudades, cuatro intelectuales en la diplomacia mexicana (Cal y Arena, 2002), en la cual desmenuza la trayectoria de Isidro Fabela, Federico Gamboa, Octavio Paz y Alfonso Reyes.

  El autor ha observado con cuidado la política, la vida cultural y la historia de los lugares en los que ha servido, lo cual demuestra en El mito y el desencanto. Literatura y poder en la Cuba revolucionaria (Ariel, 2022), una obra rica en reflexiones, en hipótesis y en provocaciones, todo a la vez. 

  Es una obra que lanza una mirada panorámica sobre la Cuba contemporánea, con incursiones transversales en distintos planos, lo que lleva constantemente al contraste de escenarios.   

  “La permanencia de Cuba en la Corona española hasta los últimos años del sigo XIX”, dice el autor, “marcó un desfasamiento en la construcción del discurso de identidad”, respecto del resto de las naciones hispanoamericanas. A la “carencia de mitos fundacionales” sigue la “constante de mitos que compensan esa carencia”.

  Ordóñez cita entre esas formulaciones, esos “mitos compensatorios”, los de la “revolución inconclusa”, que “asumió como inacabado el proceso de independencia” por la intervención de Estados Unidos a principios del siglo XX y el del “mesianismo del líder carismático”, encarnado en el héroe nacional José Martí, nociones que se extienden a la revolución de 1959 y a la figura de Fidel Castro.





  Con esta idea que va y viene a lo largo del libro, Ordóñez explora tramos de la literatura cubana contemporánea y los giros políticos del gobierno pos-revolucionario, para buscar los puntos de contacto, a veces más consistentes de lo que pudieran parecer a primera vista.

   Entre los momentos que condensan el cruce de tendencias en el imaginario, la creación literaria y la política, el autor recuerda la riqueza del debate intelectual de los primeros años después del triunfo de la revolución, en el que  se perfilan las corrientes favorables a la libre creación frente a la del realismo socialista, de inspiración soviética y que finalmente se impuso. Nunca como un decreto o una ordenanza escrita, sino por la vía de los hechos.

  Cita como los componentes de ese proceso de construcción de la política cultural el famoso y debatido discurso de Fidel Castro de 1961, Palabras a los intelectuales (“Dentro de la revolución, todo; contra la revolución, nada”); el caso del poeta Heberto Padilla (señalado de “contrarrevolucionario”, detenido en 1971 y exhibido en una autocrítica de corte estaliniano) y el periodo de censura, discriminación y homofobia conocido como “Quinquenio gris” (1971-1975). “La intolerancia ideológica determinaria la marginación de numerosos creadores e intelectuales”, apunta el autor.

  Un segundo momento significativo, dice Ordóñez, fue la intervención militar de Cuba en Angola, que culminó con la victoria de ambos aliados frente a la Sudáfrica del apartheid.

Un general y diplomáticos cubanos se sentaron en la misma mesa que Estados Unidos para firmar la paz en el cono sur africano. “Por primera vez un país en desarrollo dialogaba en posición de potencia”.

  Pero era diciembre de 1988. En la URSS ya no había perestroika, sino caos, habían estallado el separatismo y el nacionalismo y las consignas antisoviéticas cruzaban el vasto territorio de la Unión. El momento protagónico para Cuba surgió en un entorno gravísimo, que a los pocos años desembocaría en la crisis postsoviética o “periodo especial”.

  El tercer momento de mayor fuerza simbólica, dice Ordóñez, fue el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa y otros tres altos jefes militares, por narcotráfico y otros cargos. 

  La acusación y un juicio militar donde los abogados defensores eran de rango inferior al del fiscal y los miembros del tribunal, quedaron sacudidos por una inquietud, señala el autor: “¿Seria posible para alguien una actividad semejante sin el conocimiento de la Seguridad del Estado y por lo tanto a espaldas del primer nivel del mando revolucionario?”

  El desenlace fatal “disparó la alarma y el escepticismo”, fuera de Cuba “tuvo un efecto semejante al del caso Padilla” y “reforzó la tendencia de descrédito suscitada desde” el episodio que hundió al poeta, agrega Ordóñez.

  Concluye que “sumadas, la causa 1/89 (Ochoa), la experiencia de Angola y el periodo especial, impactaron de manera contundente en la conciencia de la población cubana e implicaron para la sociedad una traumática mutación en la percepción de sí misma”.