lunes, 5 de enero de 2026

La “normalización” de Venezuela



  Lejos de las imágenes clásicas de los golpes militares en América Latina, en Venezuela no hay rebelión ni fractura de las fuerzas armadas ni tropas de ocupación en las calles. El gobierno no se ha derrumbado, ni hay ministros pidiendo asilo en embajadas. 

  Por el contrario, el Tribunal Supremo de Justicia designó “encargada” de la Presidencia a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, hermana del líder del congreso, Jorge Rodríguez. Este lunes se instaló la Asamblea Nacional en su nueva composición.

  Están en sus cargos el ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello; el ministro de Defensa, Vladimir Padrino; el comandante Estratégico Operacional, Domingo Antonio Hernández Lárez y su hermano, Johan Alexander Hernández Lárez, comandante del Ejército. Todos nombrados por Nicolás Maduro, todos provenientes del mismo régimen. 

  La vicepresidenta a cargo encabezó el domingo 4 un Consejo de Ministros, en el que invitó a Estados Unidos “a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional y (que) fortalezca una convivencia comunitaria duradera”.


Delcy Rodríguez preside un Consejo de Ministros en Caracas, el 4 de enero de 2026. Foto AVN


  En un mensaje junto a su plana mayor, también el domingo, Padrino ofreció lealtad a Delcy Rodríguez y llamó a la población a reanudar actividades ordinarias. Los hechos indican que se inicia una “normalización” del país cuyos perfiles son confusos.




Mensaje del ministro de Defensa de Venezuela el 4 de enero de 2025. Imagen tomada de la transmisión en vivo


  Tan confusos que, en sólo 24 horas, Washington balbuceaba contradicciones. “Gobernará” Venezuela bajo la “dirección” de Marco Rubio y Peter Hegseth, dijo Trump en su conferencia de prensa el sábado 3.

  Pero Rubio dijo el domingo a CBS que en realidad hay una “cuarentena” petrolera, por la cual Estados Unidos permite o no el tránsito de buques, hasta que haya “cambios” que le parezcan favorables. Es el “tipo de control” del que habló Trump, aseguró el secretario de Estado.

  Y sobre la actual dirigencia venezolana opinó: “Vamos a hacer nuestras evaluaciones de las personas (…) basándonos en lo que hacen, no en lo que dicen públicamente mientras tanto. No en lo que han hecho en el pasado en muchos casos, sino en lo que harán de ahora en adelante”.

  Una causa visible de este desarrollo es el debate, que ya lleva meses en Estados Unidos, sobre si ha sido legal o no la incursión militar en el Caribe, las ejecuciones extrajudiciales en el mar y ahora el ataque a Venezuela, todo lo cual ha ocurrido sin autorización del Congreso.

  En la polémica resurgen las desastrosas secuelas de intervenciones estadunidenses recientes como en Afganistán, Irak y Libia y, desde luego, los intentos consumados o no de derrocamiento de gobiernos latinoamericanos.

  Un tercer punto es la acusación contra Maduro, base de todo el conflicto. Los últimos informes de la agencia antidrogas (DEA) y de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) excluyen a Venezuela como fuente relevante de tráfico y la ubican como zona menor de tránsito de cocaína hacia Europa.

  Parte de la discusión es el perdón que Trump concedió al ex presidente hondureño Juan Orlando Hernández, convicto por tribunales estadunidenses de una vasta operación de trasiego de coca hacia Estados Unidos durante su mandato (2014-2022). 

  Trump dice que escuchó a sus asesores. Rubio dice que no estuvo en las discusiones. Ahora no hay quien saque la cara por esa decisión.

  Pero quizás Washington haya optado por tratar con el madurismo también por otras causas. Venezuela lleva un cuarto de siglo de adaptación de su industria petrolera a circunstancias excepcionales: el paro petrolero de 2002, la salida  masiva de especialistas, las sanciones de la primera era Trump, el despojo de Citgo, la asfixia financiera de PDVSA y el papel de Juan Guaidó en estos dos movimientos y las sanciones de la segunda era Trump.

  La industria petrolera venezolana sobrevivió siempre con salidas adaptadas a las turbulencias. En la última etapa rozó el millón de barriles diarios con un entramado de exportaciones también sui generis mediante la “flota oscura”, trasiegos en alta mar, una danza de banderas de conveniencia, intermediarios asiáticos y destinos en China. Todo con precios brutalmente castigados.  

  Una causa más de las decisiones de Trump quizá sea el conglomerado de fuerzas irregulares armadas en la frontera con Colombia y el sur de Venezuela, con controles territoriales e intereses propios. Ni la operación petrolera ni la contención de ese polvorín están al alcance de poderes que desconozcan el terreno. Y una incursión militar en mayor escala desbordaría el debate interno.

sábado, 3 de enero de 2026

Trump habla en Venezuela para el mundo



  Era difícil escoger una imagen más simbólica: horas antes de quedar en poder de Estados Unidos, Nicolás Maduro recibió en el Palacio de Miraflores a Liu Xiaoqi, enviado especial de China para América Latina.



Liu Xiaoqi, enviado especial de China para América Latina y Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores, el 2 de enero de 2026. Foto Prensa Presidencial



  Hasta ahora China era el principal comprador de petróleo venezolano. Hacía meses que ambos gobiernos se identificaban como “socios estratégicos a toda prueba”, pero hace meses, también, era visible que la alianza no llegaba a la defensa común.

  Trump se ha interesado en el hemisferio occidental, después de décadas de que sus antecesores tomaron distancia. Pone en práctica su nueva Estrategia de Seguridad Nacional. Ha logrado sembrar obstáculos a China por la vía comercial (México), las presiones (Panamá) y la fuerza (Venezuela).

  Con base en la Doctrina Monroe, dice el llamado “Corolario Trump”, Estados Unidos restablecerá su “preeminencia” en el hemisferio occidental para proteger “nuestro acceso a zonas geográficas clave a lo largo de la región” y “negaremos a los competidores no-hemisféricos la opción de ubicar fuerzas u otras capacidades amenazadoras o tomar el control estratégico de bienes vitales en nuestro hemisferio” 

  La consecuencia más notable de inmediato es que el mundo observa, sin capacidad de reacción, el regreso de las amenazas en las relaciones internacionales, el uso ilegal de la fuerza y la intervención directa en un país para cambiar el régimen. Para peor, la víctima es un personaje con escaso respaldo internacional, que ejercía un poder ilegítimo. 

  Si un nuevo reparto del mundo arranca en esta forma, ¿China se sentirá mejor situada para atacar a Taiwán? ¿Rusia entenderá que Ucrania es la moneda de cambio?

  A diferencia de antecedentes en América Latina, no hay un golpe militar interno ni una invasión, sino una fórmula que Trump dibujó en su mensaje de este sábado: “cooperación” con los restos del madurismo, no ocupación militar y “dirección” desde Washington.



Conferencia de prensa de Donald Trump sobre Venezuela. Imagen tomada de la transmisión en vivo

 

  Relató que hubo alguna resistencia y combate, al parecer en un refugio dentro del Fuerte Tiuna, el bastión militar en el oeste de Caracas. El jefe del Estado Mayor Conjunto, el general John Dan Caine, confirmó lo que era evidente desde que se conoció la incursión de esta madrugada: que Estados Unidos tenía una copiosa recolección de inteligencia, hasta el milímetro, del entorno de Maduro.

  Hay señales, entonces, de que en la cúpula del madurismo ha habido alguna colaboración con los invasores. 

  Trump desiste de una ocupación a gran escala. Para una aventura así  hay resistencia en la cúpula castrense y en el ultranacionalismo MAGA en Estados Unidos. 

  Además está la dimensión del territorio venezolano, la estructura de un poder con fuerte componente militar y las zonas altamente armadas y violentas en la frontera con Colombia y las rutas de contrabando de minerales en el sur y el este, con focos de poder local que tienen mucho que defender. 

  Por ahora Trump tiene una carta de triunfo que mostrar y explotar dentro de su país. Hacia el exterior tiene un factor disuasivo: negociar en condiciones extremas.