martes, 30 de mayo de 2023

Cuba y su barrera interna



  La dirigencia cubana acaba de citar nuevos ejemplos de cómo una especie de barrera interna frena la reforma económica, incluso en puntos entre los más aceptados y urgentes.

  En el VI Pleno del Comité Central (CC) del Partido Comunista de Cuba (PCC), la semana pasada, el viceprimer ministro y ministro de Economía, Alejandro Gil, informó sobre la ejecución de la reforma.

  Dijo que de los 201 “Lineamientos” aprobados por el VIII Congreso  partidario para 2021-2026, había 13 sin avance y 67 con “avance bajo”. Entre ambas categorías hacían un 40 por ciento del conjunto de compromisos.



Alejandro Gil, viceprimer ministro y ministro de Economía, ante el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el 23 de mayo de 2023. Foto PL


  Los de ningún avance prevén, entre otras metas, un mercado interno de insumos agrícolas, la reducción de tierras ociosas, la recuperación de la industria azucarera incluso con capital extranjero, el mantenimiento y aumento de capacidad de la generación eléctrica, la modernización de puertos y el desarrollo de la flota mercante.





  Antes de ese Congreso, hace cinco años, el balance ya era parecido, con los componentes que tenía la reforma en ese momento. El CC concluyó en enero de 2018 que la marcha del proyecto había tenido tres años de “alto ritmo” (2011-2014), luego se había reducido por la “complejidad de las medidas”, “errores” de ejecución y falta de financiamiento y que en el periodo 2016-2017 la línea fue “perfeccionar lo logrado”.

  Es decir que la lentitud o la parálisis de la apertura no es novedad en un plan que ya lleva más de una década.

  “Estamos a mitad de camino, pero no andamos bien; hay que cerrar filas y apurar el paso”, reconoció Gil. 

  Hace cinco años el CC señaló que la comisión que entonces existía para operar la reforma “no siempre (…) logró involucrar a los órganos, organismos, organizaciones y entidades para que desde la base fueran capaces de orientar, capacitar, apoyar, controlar y rendir cuentas de su gestión”.

  Antes como ahora una fuerza invisible, esa barrera interna sin rostro pero con poder, ha reunido negligencia, omisión o franca resistencia a los cambios.

  Al día siguiente de la intervención de Gil, esta vez en una reunión preparatoria de la sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP, legislativo), el presidente Miguel Díaz-Canel deploró la cerrada resistencia de sus funcionarios para tramitar proyectos de inversión extranjera.



El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, en la ANPP, el 24 de mayo de 2023. Foto Granma


   En la versión del discurso, Granma citó al mandatario: “…tenemos que despojarnos del inmovilismo que hemos visto en diferentes organismos e instituciones del país para hacer avanzar proyectos de inversión extranjera (…) en las visitas realizadas al exterior, cuando nos reunimos con nuestros funcionarios y diplomáticos, una de las quejas recurrentes es la pasividad, la demora y hasta la indiferencia de instituciones y organismos para responder a intereses de cooperación e inversión con nuestro país.

  “‘¿Cómo un país bloqueado en las condiciones que opera nuestra economía se puede dar esos lujos?’, se cuestionó el Jefe de Estado, y añadió que se exigirá responsabilidad en aquellos lugares donde veamos esta indolencia”.

  Hace siete años el jefe de Estado era Raúl Castro y el problema era el mismo: “Reconozco que no estamos satisfechos en esta esfera y que han sido frecuentes las dilaciones excesivas del proceso negociador”, dijo a la ANPP, el 27 de diciembre de 2016.




          Raúl Castro en la ANPP, el 27 de diciembre de 2016. Foto Cubadebate


  “Es preciso superar de una vez y por siempre la mentalidad obsoleta llena de prejuicios contra la inversión foránea", agregó Raúl y concluyó:

  “Para avanzar resueltamente en esta dirección debemos despojarnos de falsos temores hacia el capital externo; no vamos ni iremos al capitalismo, eso está totalmente descartado, así lo recoge nuestra Constitución y lo mantendrá, pero no debemos cogerle miedo y ponerle trabas a lo que podemos hacer en el marco de las leyes vigentes.  Ello requiere, en primer lugar, asegurar la preparación y capacitación sistemática de los cuadros y especialistas que negocian, así como profundizar en las deficiencias y errores cometidos en el pasado para nunca más repetirlos”. 

jueves, 27 de abril de 2023

Cuba: el mito y el desencanto



   Versión de mis palabras en la presentación del libro El mito y el desencanto. Literatura y poder en la Cuba revolucionaria (Ariel, 2022), de Andrés Ordóñez. Fiesta del Libro y la Rosa, UNAM, 23 de abril de 2023 


  Diplomático y escritor, Andrés Ordóñez pertenece a esa tradición de la cual él mismo se ha ocupado en Devoradores de ciudades, cuatro intelectuales en la diplomacia mexicana (Cal y Arena, 2002), en la cual desmenuza la trayectoria de Isidro Fabela, Federico Gamboa, Octavio Paz y Alfonso Reyes.

  El autor ha observado con cuidado la política, la vida cultural y la historia de los lugares en los que ha servido, lo cual demuestra en El mito y el desencanto. Literatura y poder en la Cuba revolucionaria (Ariel, 2022), una obra rica en reflexiones, en hipótesis y en provocaciones, todo a la vez. 

  Es una obra que lanza una mirada panorámica sobre la Cuba contemporánea, con incursiones transversales en distintos planos, lo que lleva constantemente al contraste de escenarios.   

  “La permanencia de Cuba en la Corona española hasta los últimos años del sigo XIX”, dice el autor, “marcó un desfasamiento en la construcción del discurso de identidad”, respecto del resto de las naciones hispanoamericanas. A la “carencia de mitos fundacionales” sigue la “constante de mitos que compensan esa carencia”.

  Ordóñez cita entre esas formulaciones, esos “mitos compensatorios”, los de la “revolución inconclusa”, que “asumió como inacabado el proceso de independencia” por la intervención de Estados Unidos a principios del siglo XX y el del “mesianismo del líder carismático”, encarnado en el héroe nacional José Martí, nociones que se extienden a la revolución de 1959 y a la figura de Fidel Castro.





  Con esta idea que va y viene a lo largo del libro, Ordóñez explora tramos de la literatura cubana contemporánea y los giros políticos del gobierno pos-revolucionario, para buscar los puntos de contacto, a veces más consistentes de lo que pudieran parecer a primera vista.

   Entre los momentos que condensan el cruce de tendencias en el imaginario, la creación literaria y la política, el autor recuerda la riqueza del debate intelectual de los primeros años después del triunfo de la revolución, en el que  se perfilan las corrientes favorables a la libre creación frente a la del realismo socialista, de inspiración soviética y que finalmente se impuso. Nunca como un decreto o una ordenanza escrita, sino por la vía de los hechos.

  Cita como los componentes de ese proceso de construcción de la política cultural el famoso y debatido discurso de Fidel Castro de 1961, Palabras a los intelectuales (“Dentro de la revolución, todo; contra la revolución, nada”); el caso del poeta Heberto Padilla (señalado de “contrarrevolucionario”, detenido en 1971 y exhibido en una autocrítica de corte estaliniano) y el periodo de censura, discriminación y homofobia conocido como “Quinquenio gris” (1971-1975). “La intolerancia ideológica determinaria la marginación de numerosos creadores e intelectuales”, apunta el autor.

  Un segundo momento significativo, dice Ordóñez, fue la intervención militar de Cuba en Angola, que culminó con la victoria de ambos aliados frente a la Sudáfrica del apartheid.

Un general y diplomáticos cubanos se sentaron en la misma mesa que Estados Unidos para firmar la paz en el cono sur africano. “Por primera vez un país en desarrollo dialogaba en posición de potencia”.

  Pero era diciembre de 1988. En la URSS ya no había perestroika, sino caos, habían estallado el separatismo y el nacionalismo y las consignas antisoviéticas cruzaban el vasto territorio de la Unión. El momento protagónico para Cuba surgió en un entorno gravísimo, que a los pocos años desembocaría en la crisis postsoviética o “periodo especial”.

  El tercer momento de mayor fuerza simbólica, dice Ordóñez, fue el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa y otros tres altos jefes militares, por narcotráfico y otros cargos. 

  La acusación y un juicio militar donde los abogados defensores eran de rango inferior al del fiscal y los miembros del tribunal, quedaron sacudidos por una inquietud, señala el autor: “¿Seria posible para alguien una actividad semejante sin el conocimiento de la Seguridad del Estado y por lo tanto a espaldas del primer nivel del mando revolucionario?”

  El desenlace fatal “disparó la alarma y el escepticismo”, fuera de Cuba “tuvo un efecto semejante al del caso Padilla” y “reforzó la tendencia de descrédito suscitada desde” el episodio que hundió al poeta, agrega Ordóñez.

  Concluye que “sumadas, la causa 1/89 (Ochoa), la experiencia de Angola y el periodo especial, impactaron de manera contundente en la conciencia de la población cubana e implicaron para la sociedad una traumática mutación en la percepción de sí misma”.

lunes, 27 de marzo de 2023

Cuba: sociedad crítica y plural




Los resultados oficiales de la elección del domingo 26 de marzo en Cuba confirman una creciente expresión de crítica y pluralismo en la sociedad, aún dentro de los estrechos límites del sistema.

La tendencia es un agudo contraste con la época de resultados apabullantes, cercanos al cien por ciento, que todavía se registraban hace dos décadas.

Con un solo partido legal, sin debate sobre ningún tema, con un único candidato para cada puesto y, por tanto, con una composición de funcionarios electos ya conocida de antemano, las elecciones todavía tienen un mínimo margen para la decisión individual.

A falta de un contraste de opiniones o proyectos entre los candidatos y con todo resuelto meses antes, el gobierno ha convertido estos ejercicios en virtuales referendos.

La propaganda oficial llama a las urnas expresamente para mostrar la adhesión al sistema político y a la dirigencia.

Antes de la jornada electoral, los candidatos suelen visitar las zonas que van a representar en la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP, parlamento unicameral) para hablar con sus potenciales electores e instarlos al voto. Esta vez ese despliegue fue claramente más intenso.

El “voto unido”

Parte de las reacciones de la dirigencia cubana a la crisis post-soviética, a principios de los años noventa, fue un nuevo modelo electoral.

Entre las variantes adoptadas en 1991, en las listas para la ANPP el ciudadano podía votar por uno, por varios o por todos los candidatos de una circunscripción o no hacerlo por ninguno.

Al aproximarse la primera elección bajo ese nuevo modelo, Fidel Castro llamó la atención sobre eso que parecía una rendija para la discrepancia.

En una reunión con candidatos, el 20 de febrero de 1993, Castro instó a evitar que el ciudadano ejerciera esa mínima capacidad de selección y pidió que el voto fuera por igual para todos los aspirantes.

Consideraba que seleccionar a uno sobre otros era injusto con los no elegidos y puso esta parte del proceso también en la balanza referendaria.

“Encontramos la estrategia correcta al plantear que el voto patriota, el voto revolucionario no debía dividirse, que no debía dispersarse y las consecuencias negativas y las injusticias que podía entrañar la dispersión y la división de ese voto. La necesidad del voto unido era evidente”.

En las sucesivas elecciones nacionales, el “voto unido” se volvió tan importante o más que la propia jornada comicial. En el discurso oficial, ir a votar y votar “unido” ha sido la expresión del respaldo al sistema.

En sentido contrario, la abstención o la negativa del voto para algún candidato (el “voto selectivo”) son el estrecho pasillo por el cual un ciudadano puede mostrar algún tipo de inconformidad o discrepancia, con el sistema o con los postulados.

Bajo estas reglas, la atención oficial se centra en la proporción de votantes y la dimensión del “voto unido”.




  

                                    

De acuerdo con los resultados finales, la comparación con las elecciones de hace dos décadas muestra que la abstención ha crecido en poco más de diez veces; el “voto unido” se ha reducido en una quinta parte y el “voto selectivo” creció en más de tres veces.

Hasta 2018 las boletas en blanco y los votos anulados mantenían una tendencia estable y poco significativa, pero en 2023 ambos indicadores tuvieron un notable movimiento.

Comparados con los comicios de 2003, esta vez las boletas en blanco se duplicaron y las anuladas aumentaron en más de tres veces.

El “voto unido”, equivalente al apoyo explícito al sistema, llegó a cuatro millones 014 mil 644 votantes (49 por ciento de los electores; 65 por ciento de los votantes).

Quienes desoyeron de alguna forma el llamado oficial (por abstención, voto “selectivo”, blanco o nulo) fueron un poco más: cuatro millones 114 mil 677 (50 por ciento de los electores; 66 por ciento de los votantes).

Siempre según el informe oficial, el candidato más votado fue el médico ginecobstetra de Camagüey Gastón Idel Martínez Pérez, de 59 años, con 97.54 por ciento de votos.

El menos votado fue el primer secretario del Partido Comunista de Cuba en esa misma provincia, Federico Hernández Hernández, de 52 años, con 61.52 por ciento de votos.

La provincia con más concurrencia a las urnas fue Ciego de Ávila (86.14 por ciento); la más abstencionista, Holguín (abstención de 27.2). La mayor proporción de “voto unido” fue en Las Tunas (76.20) y la de más “voto selectivo” fue La Habana (31.55)

El grado de participación electoral en Cuba se compara muy favorablemente con el resto de América Latina, pero ya es claro su contraste con la era del casi cien por ciento.

Estas fueron, además, las primeras elecciones nacionales después de las protestas populares que arrancaron en julio de 2021 y que arrojaron más de mil detenidos y cientos de procesados y sentenciados a penas de hasta 30 años de cárcel.

Son diferentes muestras de la crítica y el pluralismo de la sociedad cubana realmente existente.


Este artículo y la tabla fueron actualizados con la información definitiva oficial, publicada el 31 de enero de 2023 en la edición impresa de Granma


domingo, 12 de marzo de 2023

¿Invasión o alianza? Qué piensan los militares de EU

 



Lejos de la estridencia verbal en ambos lados del río Bravo, sobre si habrá o no una invasión del norte para frenar el narcotráfico y la violencia en la frontera con México, los militares en Estados Unidos miran el fenómeno con un enfoque distinto.

  Con otros miembros del alto mando, el general Glen D. VanHerck, jefe del Comando Norte, participó el pasado 8 de marzo en una audiencia ante el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes.



El general Glen D. VanHerck, jefe del Comando Norte de Estados Unidos, en la audiencia en el Congreso el 8 de marzo de 2023. Imagen tomada de la transmisión en vivo


  VanHerck describió la situación mundial como la más complicada y potencialmente peligrosa de la posguerra fría, en la cual consideró a China y Rusia como las principales amenazas para Estados Unidos, seguidos de Irán y Corea del Norte.

  Sólo después de esos focos rojos, VanHerck ubicó al crimen organizado trasnacional en México y el hemisferio occidental.

  La situación en la frontera “es un asunto de seguridad nacional”, dijo, y subrayó la capacidad táctica de los cárteles para emplear explosivos improvisados y drones contra las fuerzas armadas mexicanas. Pero resaltó que el narcotráfico y la violencia asociada son un fenómeno trasnacional y no puede limitarse al análisis local.




La representante demócrata por Texas, Veronica Escobar, pregunta por la situación de la frontera con México en la audiencia en el Congreso el 8 de marzo de 2023. Imagen tomada de la transmisión en vivo


  El jefe del Comando Norte ratificó el compromiso de profundizar la “fuerte asociación” con los militares mexicanos. Más aún: dijo que cultivará esos vínculos para frustrar “los intentos de China y Rusia para dividir a nuestros países”.

  VanHerck elogió el desempeño de las secretarías mexicanas de Defensa y Marina por su “profesionalismo y resiliencia”. Destacó el esfuerzo de esos cuerpos por migrar sus recursos técnicos hacia un parque de mayor interacción operativa con sus similares de Estados Unidos y aliados.

  Es el caso del interés de Estados Unidos en la desintegración de la flota de cerca de una treintena de helicópteros rusos MI-17, que México adquirió a partir de los años noventa, para remplazarlos por aparatos occidentales.

  En la misma sesión, la jefa del Comando Sur, la generala Laura Richardson, expuso que su mando está a cargo de la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencias-Sur (JIATF-S), encargada de detectar y seguir el trasiego de drogas por mar y aire desde el sur del hemisferio hacia Estados Unidos.



La generala Laura Richardson, jefa del Comando Sur, en la audiencia en el Congreso el 8 de marzo de 2023. Imagen tomada de la transmisión en vivo


  Reportó que en el año fiscal octubre 2021-septiembre 2022, esa fuerza ayudó a frustrar 371 intentos de tráfico, casi uno diario, lo que derivó en la incautación de droga por más de 7 mil millones de dólares, con la participación de fuerzas de seguridad de la región. 

  De acuerdo con su visión estratégica, a los militares estadunidenses les inquieta, dijo Richardson, el crecimiento del comercio y la inversión de China en la zona (450 mil millones de dólares en 2022) y la presencia del gigante asiático en infraestructura crítica, como puertos, ciberespacio, telecomunicaciones y servicio aéreo. A Rusia la considera una “aguda amenaza” por su presencia política y militar, en particular en Nicaragua y Venezuela.

  En esencia, el pensamiento militar estadunidense privilegia la contención de China y Rusia, para lo cual requiere la alianza con fuerzas armadas de la región, en primer lugar las de México. Nada que ver con invasiones, al menos al estilo del siglo pasado. 




Audiencia en el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el 8 de marzo de 2023 


 

lunes, 27 de febrero de 2023

AMLO, complaciente con Ortega

 

  El presidente Andrés Manuel López Obrador ofreció nacionalidad y asilo a los nicaragüenses desterrados y al mismo tiempo confirmó que ha decidido ser complaciente con Daniel Ortega.

  El miércoles 22 de febrero, en su conferencia diaria, López Obrador hizo una insólita referencia a Nicaragua, un asunto habitualmente ajeno a sus extensas intervenciones.

  Esta vez con sus comentarios, respuestas y silencios, AMLO describió su visión del caso.

  Informó que algunos desterrados nicaragüenses pidieron venir a México. “Todos los que quieran estar en nuestro país tienen las puertas abiertas y son bien recibidos” (…) “asilo, nacionalidad, lo que ellos quieran”, señaló.

  México se unió así a Argentina, España, Chile, Colombia, Ecuador y Estados Unidos, que han tendido la mano en diversas formas a los centenares de perseguidos por Ortega.



La ex comandante guerrillera Dora María Téllez, en el destierro en Estados Unidos, en febrero de 2023. Foto tomada de la cuenta de Twitter de Wilfredo Miranda @PiruloAr 



Cristiana y Pedro Joaquín Chamorro, junto al autor de la foto, el gerente del diario 'La Prensa', Juan Lorenzo Holman, en el avión que los lleva al destierro en Estados Unidos, el 9 de febrero de 2023


  México fue una retaguardia simbólica de la revolución sandinista desde que el presidente José López Portillo rompió relaciones con la dictadura de Anastasio Somoza, el 20 de mayo de 1979, dos meses antes del triunfo insurreccional.

  Pero, ahora, el presidente mexicano expuso su intención de no tocar con el más mínimo adjetivo ni la más elemental acción a la nueva dictadura nicaragüense.

  López Obrador mostró una carta a Ortega, del 1 de diciembre pasado, en la cual reitera una oferta que, dice, ya había hecho por vía diplomática: que la ex comandante Dora María Téllez fuera excarcelada y enviada a México, “evitando fines propagandísticos, protagónicos” y por “razones humanitarias”. 



El presidente Andrés Manuel López Obrador lee, el 22 de febrero de 2023, una carta que envió a Daniel Ortega en diciembre de 2022. Imagen tomada de la transmisión en vivo


  Sugiere que esa fórmula sirva para otros de los detenidos e insiste en un movimiento discreto, sin impacto público.

  La delicadeza del trato por escrito se estrelló con la reacción de Ortega: ni siquiera contestó la carta.

   En la conferencia López Obrador dijo que le entristece la “división” en el sandinismo; que ha buscado “un acuerdo” y la liberación de los presos; no quiere distanciarse de Managua para “ayudar en la reconciliación” y buscar “la unidad”; que las relaciones bilaterales son “normales” y mantendrá una actitud “responsable y prudente”. 

  AMLO, que ha opinado con amplitud sobre la situación interna de Argentina, Bolivia o Perú, evitó ahora la menor expresión sobre Nicaragua.

  -¿Ortega violó los derechos humanos, presidente? -le preguntaron.

  -¿Por qué no vemos la carta? No me voy a enganchar… -respondió el mandatario.

  El 1 de diciembre de 2022 Ortega ya se había hecho reelegir en medio de una represión masiva, con siete candidatos presidenciales y decenas de activistas presos y un virtual estado de excepción, de todo lo cual AMLO no dijo nada en la carta ni de otra forma conocida.

  El presidente mexicano evoca una “división” del sandinismo, que en realidad ocurrió hace un cuarto de siglo y es irreversible. 

  Habla de buscar un “acuerdo” o una “reconciliación”, pero no ofrece señales sobre cómo hacerlo con un régimen que excarceló presos políticos, pero intenta borrarlos del mapa al desterrarlos, despojarlos de su nacionalidad, de sus bienes materiales y hasta de su pensión a los ya jubilados, aún mantiene a más opositores en sus cárceles, en una de las cuales murió Hugo Torres, ex comandante sandinista y ha extendido las represalias a los opositores que ya estaban exiliados. 

  Tampoco cuenta cómo dialogar cuando en Nicaragua no hay libertad de expresión, de prensa o de manifestación ni siquiera religiosa y la ley es la que dictan la policía y los paramilitares.

  Algo podía saber López Obrador de la situación en Nicaragua, después de que México votó a favor de la resolución del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, del 31 de marzo de 2022, que es un amplísimo memorial sobre la represión y el autoritarismo en el país centroamericano.

  Pero el mismo gobierno mexicano se ha abstenido en sucesivas manifestaciones de la Organización de Estados Americanos sobre Nicaragua (12 de agosto de 2022, 23 de febrero de 2023) y ahora muestra una actitud de complacencia con el autócrata.

  El gesto humanitario de auxiliar a los desterrados coexiste, así, con la ambivalencia política.



viernes, 10 de febrero de 2023

EU, Nicaragua, Cuba, Vaticano: se habla de presos…

 


  El Departamento de Estado y Daniel Ortega sostienen con dificultad que no hubo negociación para excarcelar a 222 presos políticos en Nicaragua y enviarlos a Estados Unidos.





Juan Lorenzo Holmann Chamorro, gerente del diario La Prensa, llega al hotel Westin de Herndon, Virginia, Estados Unidos, el 9 de febrero de 2023. Foto Afp


  Esa versión inverosímil en realidad se basa en una fórmula vieja: hay negociación, pero las partes lo niegan, porque no quieren que cuente como cesión en un ambiente bilateral tenso, que pudiera llegar a la mesa de diálogo.

  Al principio de la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética aplicaron la fórmula. No tenían que reconocer nada, el trato secreto terminaba con dos individuos caminando en sentido contrario, en medio de la bruma sobre el puente Glienicke en Postdam o bajo los reflectores en el aeropuerto de Viena.

  Más cerca en el tiempo y en la geografía, en 1979 Cuba logró la liberación de cuatro independentistas puertorriqueños presos en Estados Unidos, que habían disparado al aire en el Capitolio para acompañar consignas insurgentes.

  A cambio, Fidel Castro liberó a cuatro estadunidenses acusados de espionaje en la isla. Ambas decisiones fueron simultáneas y formalmente unilaterales.




Portada de The New York Times del 2 de marzo de 1954, con la noticia principal de la detención de los independentistas puertorriqueños.

  En 2014, cuando Cuba y Estados Unidos intercambiaron agentes de inteligencia presos, para reanudar relaciones diplomáticas, la liberación de Alan Gross fue descrita como “gesto humanitario” de la isla. 

  La Habana condenó a Gross por un delito contra la seguridad nacional, pero Washington nunca reconoció que fuera un espía o agente subversivo, sino un empleado civil para distribuir equipos de conexión a internet entre comunidades judías.

  Como se le vea, la excarcelación de los presos políticos nicaragüenses es un giro de altísima relevancia en favor de los derechos humanos en la región. 

  También en dimensión es trascendente. En América Latina una excarcelación de ese tamaño no había ocurrido desde que, a lo largo de unos diez meses, entre 1978 y 1979, Fidel Castro permitió la salida de más de tres mil opositores a Estados Unidos.




Dora María Téllez, la ex comandante Dos del Frente Sandinista, en Estados Unidos, el 10 de febrero de 2023. Foto tomada de la cuenta de Twitter de Wilfredo Miranda @PiruloAr



  Ortega expidió a toda prisa pasaportes nuevos para todos, pero aún tuvo la sevicia de hacer aprobar, también a toda prisa, una reforma constitucional que quita la nacionalidad a los desterrados.

  Para Estados Unidos, la liberación es un “paso constructivo” que “abre la puerta a la discusión de otros asuntos de mutua preocupación” y fue resultado de un “esfuerzo concertado” del Departamento de Estado, dijo el jueves 9 el vocero Ned Price. Washington permanece “comprometido con un diálogo” con Ortega.

  “No estamos pidiendo que nos levanten las sanciones, no estamos pidiendo nada a cambio”, dijo a su vez Ortega, cuando quizás de forma inconsciente tuvo que verbalizar el telón de fondo de este episodio.

  Algo hay que esperar en la relación bilateral.

  Horas antes se sabía de otras gestiones por otros presos.

  El cardenal Beniamino Stella, quien era nuncio apostólico cuando el Papa Juan Pablo II visitó Cuba en 1998, estuvo en la isla por los 25 años de ese viaje.




El cardenal Beniamino Stella y el presidente cubano Miguel Díaz-Canel, el 8 de febrero de 2023 en La Habana. Foto Estudios Revolución/ Granma


  Al final de su gira, el miércoles 8, dijo a periodistas que el Vaticano se interesa por la liberación de los cientos de presos detenidos a raíz de las manifestaciones populares del 11 de julio de 2021 y posteriores.

  Consultado sobre una posible amnistía, Stella dijo estas reveladoras palabras: “La Iglesia desea, busca, ha manifestado este propósito (amnistía)…Creo que el tema está allí sobre la mesa... El Papa desea mucho que haya una respuesta positiva, como se llame, amnistía, clemencia. Las palabras pueden ser también secundarias, pero es importante que los jóvenes que en un momento han manifestado su pensamiento... puedan volver a sus casas”.

  No es extraña la petición. Tres papas visitaron Cuba y el gobierno los recibió con sendos indultos masivos, que han incluido a opositores. Por gestión de la Iglesia Católica fueron excarcelados los del disidente grupo de Los 75, detenidos en 2003.

  Stella también abogó por un diálogo interno en la isla y entre Cuba y Estados Unidos.

  El presidente cubano Miguel Díaz-Canel agradeció los esfuerzos del Vaticano para un entendimiento entre la isla y Washington y expuso a Stella su intención de "seguir construyendo con mutuo beneficio" caminos para "la solución de las expectativas de ambas partes".


 








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