sábado, 23 de mayo de 2026

Cuba-EU: tres carriles

 



  El conflicto entre Cuba y Estados Unidos pasa al menos por tres carriles, a distintas velocidades. Hay un torbellino de presiones en ascenso sobre la isla, una secuencia de contactos que pudiera dirigirse a una negociación y la cruda realidad en territorio cubano, que se aproxima a la crisis humanitaria.

  Las velocidades dibujan el peor escenario: la asfixia material en la isla se acelera en espiral; la presión estadounidense avanza por días y sube la apuesta y los contactos son espaciados y por ahora sin resultados.

  En el paquete de presiones hay que sumar desde este semana las sanciones a funcionarios clave en el gobierno cubano y la acusación penal contra Raúl Castro. 



El fiscal interino de Estados Unidos, Todd Blanche, anuncia la acusación penal contra Raúl Castro. Foto CNN



   El castigo a los funcionarios es el bloqueo de sus activos en jurisdicción de Estados Unidos. Es difícil suponer que a cualquier de ellos se le ocurriera, por ahora, tener alguna propiedad personal o corporativa en ese país, por lo que no hay forma de que la sanción se haga efectiva. 

  Queda, sin embargo, la amenaza a terceras partes que negocien con los sancionados o a bancos que operen para ellos.

  El caso contra Raúl Castro tampoco irá lejos. Fuera del alcance de la justicia estadounidense, de inmediato es difícil suponer que el general de Ejército quisiera viajar a Estados Unidos o a algún otro país en el que fuera posible su arresto.

  Pero ambas acciones tienen un doble filo, simbólico y pragmático. La sanción a los funcionarios es, primero, un recordatorio de que está activa la Orden Ejecutiva 14404 del presidente Donald Trump, del 1de mayo.

  Es una forma de gratificar a un sector del electorado en Florida, tan preciado para Trump y, sobre todo, para el secretario de Estado, Marco Rubio. Al mismo tiempo, es una herramienta para un posible momento en el que tales funcionarios lleguen a tener interés o necesidad de viajar a Estados Unidos.

  Los dos casos buscan compensar la imagen de reconocimiento, concertación o diálogo que haya podido dejar la reciente visita del director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a La Habana o cualquiera de los contactos conocidos o la eventualidad de que el conflicto desemboque en un acuerdo sin cambio de régimen político en la isla. Basta observar la forma en que fue anunciada la acusación contra Castro.

  El expediente contra el ex mandatario, además, es un nuevo y enorme obstáculo para una posible negociación. Es imaginable que antes de un acuerdo la dirigencia cubana buscará eliminar esa causa, que agravia a la figura hoy reconocida como “el líder al frente de la revolución”.

  Estados Unidos queda en la insólita posición de emprender  acciones judiciales contra quien tiene la última palabra en cualquier negociación.

  En síntesis, no hay señales de que haya quedado descartada la vía negociadora, pero sí hay las que muestran que ese camino es cada vez más difícil.

  Difícil pero no imposible. La minera canadiense Sherritt anunció un acuerdo no vinculante para vender la mayoría de sus acciones a Gillon Capital LLC, compañía estadounidense con sede en Texas, dedicada a bienes inmuebles, energía e inversiones. Pactaron nueve meses para cerrar el negocio.



                                         Imagen tomada del sitio www.sherritt.com


 

Sherritt había reportado su salida de Cuba por efecto de la Orden Ejecutiva del 1 de mayo. Con este nuevo anuncio informó, también, que ya no disolverá su emprendimiento con socios cubanos, aunque mantendrá suspendida su participación directa en la isla. 

   Pero hay dos datos más interesantes aún. Sherritt informó que el Departamento de Estado y el del Tesoro le confirmaron que no consideran al trato con Gillon “contraria a la ley” de Estados Unidos.

  Y Gillon es propiedad de la familia Washburne. Su vicepresidente es Ray Washburne, quien dirigió un banco de desarrollo dependiente del gobierno entre 2017 y 2019, 

es decir, en la primera administración de Trump; integrante del consejo asesor de inteligencia del mandatario; vicepresidente del Trump Víctor Committee en 2016 y recaudador de fondos del Partido Republicano.


Publicado originalmente en Reforma

viernes, 22 de mayo de 2026

La CIA en La Habana

 


Amanecía en Pekín, en el tercer día de la visita de Estado de Trump, cuando Cuba informaba que, horas antes, había estado en La Habana el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe.

  No es habitual que el director u otro alto funcionario de la CIA hagan públicos sus movimientos. Más raro es que no hay antecedentes conocidos de que un jefe de la agencia haya tenido una reunión formal con sus contrapartes cubanas.

  Cuba reflejó el encuentro con la mayor jerarquía posible. Desde la implantación del cerco petrolero a la isla, en enero pasado, esta era la primera reunión bilateral, reconocida oficialmente de inmediato, con al menos un nombre propio.

  Según un informe cubano, la conversación fue aprobada por la “Dirección de la Revolución”, una elíptica referencia a Raúl Castro.

  De la parte estadounidense no hubo reporte oficial. La CIA publicó en su cuenta de X, como suele, fotografías del encuentro, sin comentarios. Versiones de prensa basadas en fuentes anónimas dijeron que Ratcliffe transmitió el interés de Washington por discutir cambios en la isla, sin mayores detalles.



El director de la CIA, John Ratcliffe y el jefe de Inteligencia de Cuba, general Ramón Romero Curbelo, en La Habana, el 14 de mayo de 2026. Foto tomada de la cuenta de X @CIA 



  El fondo del asunto remite a la declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano del 1 de febrero, inmediatamente  después de la Orden Ejecutiva de Trump que amenazó a quienes suministraran petróleo a la isla.

  La cancillería ofreció entonces a Estados Unidos una discusión sobre seguridad (terrorismo, lavado de dinero, ciberseguridad, trata de personas o delitos financieros) y garantías para la colaboración. Con su fórmula de bilateralidad y seguridad, Cuba replicaba al intento norteamericano de discutir sólo cambios internos en la isla. 

  Al allanarse al terreno que quería el gobierno cubano, Trump parece dar un paso al costado. Reconoce el trato entre gobiernos  y una agenda de interés común, aunque aún falta saber con precisión qué pedirá a cambio. 

  El comunicado cubano es optimista. Dice que el encuentro contribuye “al diálogo político”; que pudo “demostrar categóricamente que Cuba no constituye una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, ni existen razones legítimas para incluirla en la lista de países que, supuestamente, patrocinan el terrorismo”.

  Que la isla está comprometida en “el enfrentamiento y la condena de manera inequívoca al terrorismo”; que hizo evidente que “no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas; ni existen bases militares o de inteligencia extranjera en su territorio, y nunca ha apoyado ninguna actividad hostil contra Estados Unidos ni permitirá que desde Cuba se actúe contra otra nación”.

  Todo un alegato contra los argumentos torales de las dos Órdenes Ejecutivas de Trump de este año sobre la isla. 



El director de la CIA, John Ratcliffe, frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana, el 14 de mayo de 2026. Foto tomada de la cuenta de X @CIA



  Más aún, el comunicado cubano destacó “el interés de ambas partes en desarrollar la cooperación bilateral entre los órganos de aplicación y cumplimiento de la ley, en función de la seguridad de ambas naciones”. Una convergencia de propósitos que nada tiene que ver con el clima de crispación de los últimos cinco meses.

 ¿Puede este movimiento significar un rasgo de distensión en el conflicto? ¿Puede abrir el camino a una negociación en firme? Los hechos lo indican, pero es sabido que una cena en Mar-a-Lago o una mala noche en Washington pueden voltear las cosas al revés. ¿Es una coincidencia que este giro ocurra cuando Trump habla con los chinos? No es seguro. Pero no puede descartarse que haya estado en las conversaciones de estos días.

  Si el carril del diálogo por ahora marcha, el de la realidad también avanza. El ministro de Energía y Minas de Cuba, Vicente de la O, acaba de confirmar que se agotó el crudo que llevó un barco ruso, el único que ha llegado a la isla con combustible este año. El país está sin reservas y el pronóstico de apagón ya es de dos tercios de la demanda. En los últimos días las protestas y cacerolazos se han multiplicado. 


Una versión anterior de este artículo se publicó en Reforma

X: @GerardoArreola









Por Cuba, golpe a Canadá, ¿amenaza a México?

 

Marco Rubio salió de hablar en el Vaticano con el Papa León XIV sobre “temas de interés común en el hemisferio occidental”, entre otros puntos.

Horas después el Departamento de Estado difundió el estreno del secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional como el zar de las sanciones contra Cuba.

El primer castigo bajo la nueva Orden Ejecutiva presidencial 14404, del 1 de mayo, cayó sobre el corporativo militar cubano Grupo de Administración Empresarial SA (GAESA) y su presidenta, la generala Ania Guillermina Lastres Morera.

Pero incluyó, además, un golpe sin precedente a los intereses de Canadá en la isla, a las puertas de la negociación del tratado comercial de América del Norte.

Aún antes de conocerse la sanción, la minera Sherritt había anticipado la catástrofe que se le venía encima. Cuando Rubio aún caminaba por los pasillos pontificios, la minera anunciaba su salida definitiva de Cuba y la renuncia de tres de sus ejecutivos.


                                               Imagen tomada del sitio web www.sherritt.com

“Sherritt no ha sido formalmente designada bajo la Orden Ejecutiva. Sin embargo, esa designación puede ocurrir en cualquier momento”, dijo un comunicado de la empresa, casi cruzándose en el tiempo con la represalia.

La Orden Ejecutiva “crea condiciones que materialmente alteran la capacidad de la corporación para operar en condiciones ordinarias”, agregó.

Hasta el mes pasado parecía que el margen de agresión económica contra la isla ya era ínfimo, pero la Casa Blanca encontró la manera de construir tres nuevos objetivos.

Primero, la nueva Orden Ejecutiva entrega una gigantesca capacidad de decisión a Rubio. En consulta con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, es quien tendrá que decidir qué personas extranjeras resultan sancionadas con el bloqueo de sus bienes en Estados Unidos, por incurrir en negocios con Cuba.

El bloqueo de bienes afectará a quienes operen o hayan operado en algunos sectores (energía, defensa, minería, servicios financieros) “o cualquier otro sector” de la economía cubana. El arco de posibles sancionados se abre hasta el infinito. La Orden Ejecutiva, la regulación correspondiente de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro (OFAC) y ahora las decisiones de Rubio, forman un laberinto de ambigüedades que permite numerosas inferencias.

Segundo, la Orden Ejecutiva lanza una fuerte amenaza de castigos a bancos que hayan realizado “transacciones significativas” para quienes estén sancionados (por ahora, GAESA y Sherritt y sus socios cubanos). Incluso con las regulaciones acumuladas durante casi siete décadas, nunca había existido una ofensiva tan desproporcionada contra operaciones financieras de terceros países en Cuba.

Tercero, ya sin fronteras en las represalias, Estados Unidos busca ahogar las escasas conexiones cubanas con la economía occidental. Está empujando a la isla a escalar su demanda de apoyos en Rusia y China, exactamente el escenario contrario al de la proclamada “Doctrina Donroe”.

La salida de Sherritt abre un hueco en la explotación de níquel y cobalto, con beneficio en la provincia canadiense de Alberta, que la empresa mantenía en el este de Cuba desde 1990, y que era una de las fuentes seguras de ingreso de divisas que aún quedaban en la isla.

Sherritt también dejará la asociación que tenía con empresas cubanas para la extracción de petróleo en los campos del norte y la operación de una planta de ciclo combinado, ambos emprendimientos vitales para la generación de electricidad.


                                               Imagen tomada del sitio web www.sherritt.com




La disposición del secretario de Estado anuncia nuevas represalias, con cualquier desenlace posible. Con Sherritt funcionó la sola amenaza. ¿Cuántas empresas de cualquier sector estarán valorando su estancia en la isla a estas horas? Una combinación de las nuevas regulaciones alcanza para identificar la venta de petróleo mexicano a Cuba en años recientes como una operación punible. Una potencial amenaza para la refinería Deer Park. ¿Hay ahí otra bala de plata contra la presidenta Sheinbaum?

Publicado originalmente en Reforma
X: @GerardoArreola
 

viernes, 3 de abril de 2026

Cuba: los otros datos



  Gerald Ford y George Bush padre son los únicos presidentes de Estados Unidos que no llegaron a un acuerdo relevante con Cuba, desde la revolución de 1959. Barack Obama, que restableció las relaciones diplomáticas en 2014, fue el primero en reconocer abiertamente que la agresión económica y política de décadas no favorecía los intereses de Washington en la isla.

  Pero el breve deshielo no bastó para una plena normalización. Hoy la hostilidad estadounidense es superlativa, por la batería de medidas adicionales que Donald Trump impuso desde su primer mandato y que, sobre todo, causan un daño incalculable a la población cubana.

  En la imagen cotidiana parece que el conflicto sólo se debe a que la mayor potencia del mundo ataca por todas las bandas a una pequeña nación, pero esa no es la única fuente de la crisis múltiple que estremece a Cuba. Hay una historia interna de omisiones, rezagos, resistencias al cambio y errores acumulados en décadas… 





El correr del tiempo…


  En enero de 1989 Fidel Castro recibió a Vitali I. Vorotnikov, miembro del Buró Político del Partido Comunista de la Unión Soviética. En sus memorias, el entonces emisario de Moscú relató que la perestroika dominó las conversaciones y que el líder cubano lo bombardeaba a preguntas.

   Cuando Mijail Gorbachov visitó Cuba en abril de ese mismo año, las discrepancias quedaron patentes. Con información de primera mano, Fidel proclamó en julio siguiente en Camagüey:

  “Si mañana o cualquier día nos despertáramos con la noticia de que se ha creado una gran contienda civil en la URSS, o, incluso, que nos despertáramos con la noticia de que la URSS se desintegró, cosa que esperamos que no ocurra jamás, ¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo!”

  Cuatro meses después cayó el Muro de Berlín. El 29 de agosto de 1990 Cuba declaró el “Periodo Especial en Tiempos de Paz”, un plan de recortes y sacrificios. En octubre de 1991, el IV Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) en la práctica expidió un cheque en blanco para Castro, al “otorgar al Comité Central facultades excepcionales”, para que “adopte las decisiones políticas y económicas que correspondan (…) a fin de hacer cumplir el objetivo supremo de salvar la Patria, la Revolución y el socialismo”.

  Dos meses más tarde, el 25 de diciembre de 1991, desapareció la Unión Soviética. Desde su advertencia visionaria, Castro esperó cuatro años para reaccionar. En el verano de 1993 empezó a introducir reformas que abrieron la economía cubana a mecanismos de mercado, amplió el sector privado y creó canales para la inversión extranjera y el comercio con occidente.

  La economía se recuperó en los siguientes años, pero hacia finales de los noventa las reformas se estancaban o retrocedían. Castro las miraba como un mal necesario y temporal, no como soluciones estructurales.

  Hugo Chávez apareció en el horizonte y Castro unió la nueva alianza con la Batalla de Ideas, una campaña que buscaba remontar el golpe del “Periodo Especial” a la política social. Fusionado el discurso ideológico, los frutos de la relación con Venezuela y obras en escuelas y hospitales, la apertura económica languideció.

  En la madrugada del 13 de febrero de 2005, ante un auditorio de economistas, Castro proclamó la nueva línea: “El Estado vuelve convertido en Ave Fénix, con alas de largos vuelos”.

  Pero ese mismo año también volvieron con fuerza los apagones de la década anterior. Castro reconoció que la planta de termoeléctricas era obsoleta y emprendió lo que llamó Revolución Energética: una reducción del combustible fósil, empleo de aparatos domésticos eficientes y el impulso de energías limpias, gas y plantas portátiles. 

  Fidel tuvo que hacer entonces un alto en el camino para revelar que había llegado a plantearse un conflicto más profundo. Tras la crisis post-soviética, el líder cubano sostenía que el sistema político de la isla iba a sobrevivir para conservar al menos “las conquistas de la revolución”. 

  En un discurso en la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, corrigió esa tesis. Reconoció los “muchos errores” de la dirigencia que él había encabezado por décadas, por primera vez expuso en público la idea de que el sistema podía colapsar por sus propios defectos y llamó a discutir ampliamente cómo “esta revolución puede destruirse”.

  Pero ya no hubo debate: una enfermedad intestinal lo obligó a ceder sus cargos públicos y el foco de atención cambió radicalmente. Raúl Castro, quien remplazó a su hermano, adoptó decisiones que mejoraron la vida cotidiana de la gente y la acercaron al común del resto del mundo (libertad para viajar, para vender la vivienda o el auto o para comprar aparatos electrónicos); abrió una discusión sobre las demandas de la población y lanzó un plan de apertura de la economía que llegó a convertirse en resoluciones del PCC y de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP, parlamento) y que se reflejó en la una nueva Constitución de 2019.

  Siempre con base en el régimen de partido único, Raúl enfiló una dura crítica al aparato dirigente. Censuró el triunfalismo de la propaganda oficial, el recurso compulsivo de culpar de todo y en cualquier caso a Estados Unidos y reclamó atender problemas propios como la corrupción, el burocratismo y la improductividad. 

  A diferencia de Fidel, Raúl valoró que la reforma de la economía cubana era de vida o muerte, ni mal menor ni temporal. “O rectificamos o ya se acaba el tiempo de seguir bordeando el precipicio: nos hundimos y hundiremos (…) el esfuerzo de generaciones enteras”, dijo a la ANPP el 18 de diciembre de 2010.

  “Lo único que puede hacer fracasar a la revolución y al socialismo en Cuba, poniendo en riesgo el futuro de la nación, es nuestra incapacidad para superar los errores que hemos cometido durante más de 50 años y los nuevos en los que pudiéramos incurrir”, leyó en su informe al VI Congreso del PCC, el 16 de abril de 2011. En la clausura, tres días después, criticó la mentalidad “atada durante largos años a los mismos dogmas y criterios obsoletos”.

  Pero ya en el VIII Congreso de PCC, en abril de 2021, tuvo que frenar el impulso. Dijo que la resistencia al cambio impedía que la reforma caminara. Reconoció que decisiones del más alto nivel quedaban atascadas en las estructuras medias del gobierno. Una barrera invisible saboteaba desde dentro la apertura.



                                           Apagón en La Habana en 2026. Foto Afp



Paso adelante, dos atrás


  Desde el colapso del socialismo real, en casi cuatro décadas Cuba ha tenido dos ensayos de apertura económica y dos contrarreformas. Dejó pasar la oportunidad que le abrió Obama, arrastra un conglomerado de empresas estatales ineficientes y le cierra caminos a sus propios emprendedores nacionales, que han mostrado capacidad, innovación y competitividad.

  Sólo en los últimos diez años la dirigencia ha reconocido errores propios, sin señales claras de rectificación. Raúl Castro criticó (27 de diciembre de 2016) la mentalidad obsoleta llena de prejuicios” contra la inversión extranjera. Miguel Díaz-Canel 

lamentó la pasividad, la demora y hasta la indiferencia de instituciones y organismos para responder” a ofertas del capital foráneo (24 de mayo de 2023).

  La reforma fue tan improvisada que tuvo resultados negativos, reconoció el entonces zar de la apertura, Marino Murillo (21 de diciembre de 2017). En el peor momento de la economía hasta entonces, el gobierno emprendió en 2021 la reforma monetaria, que fracasó. En lugar de reducir el circulante a una sola moneda, se multiplicaron las divisas en el mercado y volvió el uso minorista del dólar. Se disparó una hiperinflación y una macrodevaluación del peso cubano. Murillo terminó destituido.

  En 2023 el Banco Central de Cuba inició una campaña de migración masiva a la bancarización electrónica. El 24 de enero de 2024 reconoció que la demanda era muy superior a la capacidad financiera, material y humana, con un alto deterioro de la red de cajeros automáticos.

  Pero quizás la política más inexplicable en este lapso haya sido la decisión de poner la mayor proporción de la inversión pública en la infraestructura turística, cuando el campo y la generación eléctrica reclamaban recursos. Las torres de hospedaje crecieron en la isla incluso en plena pandemia y aún después, ya en franca caída económica, sin que los indicadores del turismo pudieran recuperarse.

  El economista Ricardo Torres, investigador de American University, en un reciente reporte para Cuba Study Group, un centro de análisis independiente, calculó, con base en datos oficiales, que el turismo pasó de absorber 15–17 por ciento de las inversiones en los años noventa y principios de los 2000, a más de un 30 por ciento en 2015–2018 y casi un 40 por ciento entre 2019 y 2024.

  En 2020 casi la mitad de la inversión total (47.6  por ciento) se destinó al turismo, mientras que la electricidad, el gas y el agua apenas recibieron el 9.4 por ciento, añadió el investigador.

  “Incluso en los años de profundización de la crisis económica (2019–2024), el gobierno eligió mantener un esfuerzo inversor elevado, pero concentró una fracción desproporcionada de esos recursos en la cadena turística (hoteles y su inmobiliaria asociada), en lugar de reforzar la infraestructura energética”.

  Veinte años después de la Revolución Energética de Fidel Castro, las mismas termoeléctricas devastadas, corroídas por el petróleo local ultrapesado, en su mayoría con más de treinta años de explotación, entraron en colapsos en cadena. 

  Por si algo faltara, el ministro de Economía y Planificación y viceprimer ministro Alejandro Gil Fernández, un muy cercano colaborador de Díaz-Canel, fue destituido, procesado y sentenciado en diciembre de 2025 a cadena perpetua por espionaje, cohecho, tráfico de influencias y sustracción de documentos, sin que a la fecha se conozcan los hechos que le imputaron.


¿Hay salida?


  En la academia cubana abundan las elaboraciones más diversas sobre alternativas para la reconversión del modelo económico, incluso actualizadas al paso de cada nueva adversidad. Pero el gobierno se ha mantenido inflexible, sin siquiera valorarlas.

  Para peor, Trump decidió volver a poner a Cuba en su agenda y la crisis en la isla se superpone en el tiempo a cualquier otra consideración. La gran paradoja es que una reforma de la economía cubana, aprobada por las instituciones de la isla, reformulada al paso del tiempo, pero frenada en la práctica, termina ahora como una supuesta demanda del gobierno de Estados Unidos.

  ¿El actual presidente se sumará a sus antecesores que llegaron a un entendimiento con La Habana? ¿O pasará a la lista corta de quienes no lo hicieron?

  El historiador e investigador de la Universidad de Miami Michael J. Bustamente, quien sigue de cerca el conflicto, se muestra escéptico. “Siento que los dos lados un poco en estas últimas semanas han regresado a sus trincheras”, dice para este artículo. A Estados Unidos cierta liberalización para la inversión privada en la isla le parece insuficiente. El gobierno cubano rechaza cualquier negociación sobre su modelo o liderazgo político. “Espero que estén negociando de verdad para beneficio del pueblo cubano, que está sufriendo las consecuencias, pero lo veo difícil”.

  Bustamante tampoco distingue claramente cuál es el objetivo de la Casa Blanca en Cuba. “Su meta puede que esté cambiando todos los días, en dependencia de lo que está pasando en otros frentes de la política exterior norteamericana”. 

  El investigador advierte que una presión superior de Estados Unidos, que llegue a desestabilizar Cuba, terminaría con resultados contraproducentes. El más obvio, un nuevo repunte migratorio. Pero el verdadero objetivo de Trump, insiste Bustamante, “es muy difícil descifrar”. Y si Cuba trata de ganar tiempo, “es una estrategia muy riesgosa. En cualquier momento se pueden producir protestas masivas, que casi invitan a Estados Unidos a hacer algo más”.


(Publicado originalmente en Reforma


jueves, 5 de marzo de 2026

Cuba y Eu en su laberinto

 


Casi un mes después de la orden ejecutiva de Trump 14380 que implicó un bloqueo petrolero a Cuba, las tendencias del caso pueden resumirse en un laberinto de señales encontradas, en el que no hay de inmediato ni solución ni Apocalipsis.

1 El cerco energético empezó con la prohibición de que Venezuela mantuviera el suministro a Cuba después del 3E, lo cual cerraba por completo lo que ya era un exiguo flujo en esa dirección, en baja desde años antes. The New York Times reportó el 20 de febrero movimientos erráticos de tanqueros en el Caribe que, si tenían intención de llegar a la isla, no pudieron. México, el último proveedor visible, frenó las entregas.

2 El fallo de la Corte Suprema que anuló los aranceles bajo la ley IEEPA (Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional) arrastró a la orden 14380. Trump emitió una nueva orden que elimina la amenaza de aranceles para los proveedores de petróleo a Cuba. ¿Qué alcance tiene el resto de la 14380, que declara “emergencia nacional” por la “amenaza” cubana? No está claro, pero sin duda es una presión vigente.

3 Como parte de su búsqueda de opciones, Cuba amplió el margen legal que permite a los privados importar hidrocarburos. Al mismo tiempo, Estados Unidos aceptó la entrega de combustible a particulares, no al gobierno ni a los militares.

4 Cuba puede sostener una parte reducida de su energía eléctrica con su propio petróleo. Sin embargo, aún si la excepción de importaciones privadas se cumple, no queda claro cómo haría la isla para adquirir las cantidades de crudo y derivados para la mayor parte de la producción y los servicios.

                                      Gasolinera en La Habana. Foto Afp

 Marco Rubio hace días verbaliza un horizonte de salida: no busca cambio de régimen, sino una apertura económica en la isla (con negocios estadounidenses esperando en fila, hay que suponer). La gran paradoja es que un plan de apertura económica está paralizada en Cuba hace casi una década por resistencias en la cúpula gobernante y que mantener una relación comercial normal con Estados Unidos ha sido un reclamo consistente de La Habana por décadas.

6 En medio de las campañas de propaganda de ambos lados y las filtraciones sin confirmar sobre supuestas negociaciones, Claudia Sheinbaum deslizó una pista en su mañanera del 18 de febrero: Hay conversaciones para “ver si es factible” una conversación entre los dos gobiernos, dijo la presidenta. Pero depende de la voluntad de las partes “y de las condiciones, también, que en el marco de su autodetrminación pudiera estar estableciendo el gobierno de Cuba”. Hay que suponer que una primera condición no puede ser otra que eliminar el cerco energético.

7 Grave como es un hecho de sangre, la incursión armada en un cayo del norte de Cuba no parece entrar en la trama principal. Apunta a originarse en el extremismo anticastrista más rancio, pero es un aviso de que en este diferendo siempre habrá quien quiera descarrilar cualquier entendimiento. Es una repetición a escala del derribo de aviones de “Hermanos al rescate” en 1996, que precipitó la emisión de la ley Helms-Burton, la herramienta más vigorosa de la coerción que Estados Unidos ha mantenido por décadas sobre la isla.

8 Como último suministrador regular de petróleo a Cuba, México quedó inmerso en el conflicto. Cedió ante la amenaza de no enviar más combustible y se vio obligado a negociar con Estados Unidos -sin éxito- la posibilidad de reanudar el suministro. Está entre la presión del norte y los riesgos de un empeoramiento de la situación en la isla.