sábado, 23 de mayo de 2026

Cuba-EU: tres carriles

 



  El conflicto entre Cuba y Estados Unidos pasa al menos por tres carriles, a distintas velocidades. Hay un torbellino de presiones en ascenso sobre la isla, una secuencia de contactos que pudiera dirigirse a una negociación y la cruda realidad en territorio cubano, que se aproxima a la crisis humanitaria.

  Las velocidades dibujan el peor escenario: la asfixia material en la isla se acelera en espiral; la presión estadounidense avanza por días y sube la apuesta y los contactos son espaciados y por ahora sin resultados.

  En el paquete de presiones hay que sumar desde este semana las sanciones a funcionarios clave en el gobierno cubano y la acusación penal contra Raúl Castro. 



El fiscal interino de Estados Unidos, Todd Blanche, anuncia la acusación penal contra Raúl Castro. Foto CNN



   El castigo a los funcionarios es el bloqueo de sus activos en jurisdicción de Estados Unidos. Es difícil suponer que a cualquier de ellos se le ocurriera, por ahora, tener alguna propiedad personal o corporativa en ese país, por lo que no hay forma de que la sanción se haga efectiva. 

  Queda, sin embargo, la amenaza a terceras partes que negocien con los sancionados o a bancos que operen para ellos.

  El caso contra Raúl Castro tampoco irá lejos. Fuera del alcance de la justicia estadounidense, de inmediato es difícil suponer que el general de Ejército quisiera viajar a Estados Unidos o a algún otro país en el que fuera posible su arresto.

  Pero ambas acciones tienen un doble filo, simbólico y pragmático. La sanción a los funcionarios es, primero, un recordatorio de que está activa la Orden Ejecutiva 14404 del presidente Donald Trump, del 1de mayo.

  Es una forma de gratificar a un sector del electorado en Florida, tan preciado para Trump y, sobre todo, para el secretario de Estado, Marco Rubio. Al mismo tiempo, es una herramienta para un posible momento en el que tales funcionarios lleguen a tener interés o necesidad de viajar a Estados Unidos.

  Los dos casos buscan compensar la imagen de reconocimiento, concertación o diálogo que haya podido dejar la reciente visita del director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a La Habana o cualquiera de los contactos conocidos o la eventualidad de que el conflicto desemboque en un acuerdo sin cambio de régimen político en la isla. Basta observar la forma en que fue anunciada la acusación contra Castro.

  El expediente contra el ex mandatario, además, es un nuevo y enorme obstáculo para una posible negociación. Es imaginable que antes de un acuerdo la dirigencia cubana buscará eliminar esa causa, que agravia a la figura hoy reconocida como “el líder al frente de la revolución”.

  Estados Unidos queda en la insólita posición de emprender  acciones judiciales contra quien tiene la última palabra en cualquier negociación.

  En síntesis, no hay señales de que haya quedado descartada la vía negociadora, pero sí hay las que muestran que ese camino es cada vez más difícil.

  Difícil pero no imposible. La minera canadiense Sherritt anunció un acuerdo no vinculante para vender la mayoría de sus acciones a Gillon Capital LLC, compañía estadounidense con sede en Texas, dedicada a bienes inmuebles, energía e inversiones. Pactaron nueve meses para cerrar el negocio.



                                         Imagen tomada del sitio www.sherritt.com


 

Sherritt había reportado su salida de Cuba por efecto de la Orden Ejecutiva del 1 de mayo. Con este nuevo anuncio informó, también, que ya no disolverá su emprendimiento con socios cubanos, aunque mantendrá suspendida su participación directa en la isla. 

   Pero hay dos datos más interesantes aún. Sherritt informó que el Departamento de Estado y el del Tesoro le confirmaron que no consideran al trato con Gillon “contraria a la ley” de Estados Unidos.

  Y Gillon es propiedad de la familia Washburne. Su vicepresidente es Ray Washburne, quien dirigió un banco de desarrollo dependiente del gobierno entre 2017 y 2019, 

es decir, en la primera administración de Trump; integrante del consejo asesor de inteligencia del mandatario; vicepresidente del Trump Víctor Committee en 2016 y recaudador de fondos del Partido Republicano.


Publicado originalmente en Reforma

viernes, 22 de mayo de 2026

La CIA en La Habana

 


Amanecía en Pekín, en el tercer día de la visita de Estado de Trump, cuando Cuba informaba que, horas antes, había estado en La Habana el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe.

  No es habitual que el director u otro alto funcionario de la CIA hagan públicos sus movimientos. Más raro es que no hay antecedentes conocidos de que un jefe de la agencia haya tenido una reunión formal con sus contrapartes cubanas.

  Cuba reflejó el encuentro con la mayor jerarquía posible. Desde la implantación del cerco petrolero a la isla, en enero pasado, esta era la primera reunión bilateral, reconocida oficialmente de inmediato, con al menos un nombre propio.

  Según un informe cubano, la conversación fue aprobada por la “Dirección de la Revolución”, una elíptica referencia a Raúl Castro.

  De la parte estadounidense no hubo reporte oficial. La CIA publicó en su cuenta de X, como suele, fotografías del encuentro, sin comentarios. Versiones de prensa basadas en fuentes anónimas dijeron que Ratcliffe transmitió el interés de Washington por discutir cambios en la isla, sin mayores detalles.



El director de la CIA, John Ratcliffe y el jefe de Inteligencia de Cuba, general Ramón Romero Curbelo, en La Habana, el 14 de mayo de 2026. Foto tomada de la cuenta de X @CIA 



  El fondo del asunto remite a la declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano del 1 de febrero, inmediatamente  después de la Orden Ejecutiva de Trump que amenazó a quienes suministraran petróleo a la isla.

  La cancillería ofreció entonces a Estados Unidos una discusión sobre seguridad (terrorismo, lavado de dinero, ciberseguridad, trata de personas o delitos financieros) y garantías para la colaboración. Con su fórmula de bilateralidad y seguridad, Cuba replicaba al intento norteamericano de discutir sólo cambios internos en la isla. 

  Al allanarse al terreno que quería el gobierno cubano, Trump parece dar un paso al costado. Reconoce el trato entre gobiernos  y una agenda de interés común, aunque aún falta saber con precisión qué pedirá a cambio. 

  El comunicado cubano es optimista. Dice que el encuentro contribuye “al diálogo político”; que pudo “demostrar categóricamente que Cuba no constituye una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, ni existen razones legítimas para incluirla en la lista de países que, supuestamente, patrocinan el terrorismo”.

  Que la isla está comprometida en “el enfrentamiento y la condena de manera inequívoca al terrorismo”; que hizo evidente que “no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas; ni existen bases militares o de inteligencia extranjera en su territorio, y nunca ha apoyado ninguna actividad hostil contra Estados Unidos ni permitirá que desde Cuba se actúe contra otra nación”.

  Todo un alegato contra los argumentos torales de las dos Órdenes Ejecutivas de Trump de este año sobre la isla. 



El director de la CIA, John Ratcliffe, frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana, el 14 de mayo de 2026. Foto tomada de la cuenta de X @CIA



  Más aún, el comunicado cubano destacó “el interés de ambas partes en desarrollar la cooperación bilateral entre los órganos de aplicación y cumplimiento de la ley, en función de la seguridad de ambas naciones”. Una convergencia de propósitos que nada tiene que ver con el clima de crispación de los últimos cinco meses.

 ¿Puede este movimiento significar un rasgo de distensión en el conflicto? ¿Puede abrir el camino a una negociación en firme? Los hechos lo indican, pero es sabido que una cena en Mar-a-Lago o una mala noche en Washington pueden voltear las cosas al revés. ¿Es una coincidencia que este giro ocurra cuando Trump habla con los chinos? No es seguro. Pero no puede descartarse que haya estado en las conversaciones de estos días.

  Si el carril del diálogo por ahora marcha, el de la realidad también avanza. El ministro de Energía y Minas de Cuba, Vicente de la O, acaba de confirmar que se agotó el crudo que llevó un barco ruso, el único que ha llegado a la isla con combustible este año. El país está sin reservas y el pronóstico de apagón ya es de dos tercios de la demanda. En los últimos días las protestas y cacerolazos se han multiplicado. 


Una versión anterior de este artículo se publicó en Reforma

X: @GerardoArreola









Por Cuba, golpe a Canadá, ¿amenaza a México?

 

Marco Rubio salió de hablar en el Vaticano con el Papa León XIV sobre “temas de interés común en el hemisferio occidental”, entre otros puntos.

Horas después el Departamento de Estado difundió el estreno del secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional como el zar de las sanciones contra Cuba.

El primer castigo bajo la nueva Orden Ejecutiva presidencial 14404, del 1 de mayo, cayó sobre el corporativo militar cubano Grupo de Administración Empresarial SA (GAESA) y su presidenta, la generala Ania Guillermina Lastres Morera.

Pero incluyó, además, un golpe sin precedente a los intereses de Canadá en la isla, a las puertas de la negociación del tratado comercial de América del Norte.

Aún antes de conocerse la sanción, la minera Sherritt había anticipado la catástrofe que se le venía encima. Cuando Rubio aún caminaba por los pasillos pontificios, la minera anunciaba su salida definitiva de Cuba y la renuncia de tres de sus ejecutivos.


                                               Imagen tomada del sitio web www.sherritt.com

“Sherritt no ha sido formalmente designada bajo la Orden Ejecutiva. Sin embargo, esa designación puede ocurrir en cualquier momento”, dijo un comunicado de la empresa, casi cruzándose en el tiempo con la represalia.

La Orden Ejecutiva “crea condiciones que materialmente alteran la capacidad de la corporación para operar en condiciones ordinarias”, agregó.

Hasta el mes pasado parecía que el margen de agresión económica contra la isla ya era ínfimo, pero la Casa Blanca encontró la manera de construir tres nuevos objetivos.

Primero, la nueva Orden Ejecutiva entrega una gigantesca capacidad de decisión a Rubio. En consulta con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, es quien tendrá que decidir qué personas extranjeras resultan sancionadas con el bloqueo de sus bienes en Estados Unidos, por incurrir en negocios con Cuba.

El bloqueo de bienes afectará a quienes operen o hayan operado en algunos sectores (energía, defensa, minería, servicios financieros) “o cualquier otro sector” de la economía cubana. El arco de posibles sancionados se abre hasta el infinito. La Orden Ejecutiva, la regulación correspondiente de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro (OFAC) y ahora las decisiones de Rubio, forman un laberinto de ambigüedades que permite numerosas inferencias.

Segundo, la Orden Ejecutiva lanza una fuerte amenaza de castigos a bancos que hayan realizado “transacciones significativas” para quienes estén sancionados (por ahora, GAESA y Sherritt y sus socios cubanos). Incluso con las regulaciones acumuladas durante casi siete décadas, nunca había existido una ofensiva tan desproporcionada contra operaciones financieras de terceros países en Cuba.

Tercero, ya sin fronteras en las represalias, Estados Unidos busca ahogar las escasas conexiones cubanas con la economía occidental. Está empujando a la isla a escalar su demanda de apoyos en Rusia y China, exactamente el escenario contrario al de la proclamada “Doctrina Donroe”.

La salida de Sherritt abre un hueco en la explotación de níquel y cobalto, con beneficio en la provincia canadiense de Alberta, que la empresa mantenía en el este de Cuba desde 1990, y que era una de las fuentes seguras de ingreso de divisas que aún quedaban en la isla.

Sherritt también dejará la asociación que tenía con empresas cubanas para la extracción de petróleo en los campos del norte y la operación de una planta de ciclo combinado, ambos emprendimientos vitales para la generación de electricidad.


                                               Imagen tomada del sitio web www.sherritt.com




La disposición del secretario de Estado anuncia nuevas represalias, con cualquier desenlace posible. Con Sherritt funcionó la sola amenaza. ¿Cuántas empresas de cualquier sector estarán valorando su estancia en la isla a estas horas? Una combinación de las nuevas regulaciones alcanza para identificar la venta de petróleo mexicano a Cuba en años recientes como una operación punible. Una potencial amenaza para la refinería Deer Park. ¿Hay ahí otra bala de plata contra la presidenta Sheinbaum?

Publicado originalmente en Reforma
X: @GerardoArreola