domingo, 10 de julio de 2022

Cuba: recuento del 11J

   Una constante en las manifestaciones populares del 11 y 12 de julio de 2021 en Cuba fue la cantidad de teléfonos móviles por encima del mar de cabezas, que produjeron un torrente de constancias visuales. Los participantes multiplicaron después sus testimonios y surgieron diversas interpretaciones de los hechos.  

   Un año más tarde son incontables las aportaciones de todo tipo, pero algunas pocas de ellas bastan para mostrar la diversidad de registros y enfoques sobre el 11J.

   Desde las primeras horas que siguieron a la inicial manifestación de San Antonio de los Baños, el sitio Inventario (proyectoinventario.org) activó una herramienta para identificar los lugares donde se reportaban protestas antigubernamentales.


   Un año después, el mapa registraba 348 acciones en las 15 provincias del país y el Municipio Especial Isla de la Juventud. 





   Después del 11J el gobierno de Cuba tomó decisiones que en parte eran reclamos de la población anteriores a la protesta: autorizó la importación individual de alimentos, productos de aseo, medicinas y electrodomésticos; aceptó ayuda humanitaria internacional; emprendió un plan de reparaciones en barrios pobres (viviendas, escuelas, policlínicos, redes de agua, asfaltado); ofreció atención a problemas legales de vivienda y expidió un paquete de regulaciones para el trabajo por cuenta propia, las micro, pequeñas y medianas empresas y las cooperativas no agropecuarias.


   A los pocos días del estallido, un fundador y ex jefe de la Seguridad del Estado, ex viceministro del Interior, general de División Fabián Escalante, publicó un comentario en tres partes a raíz del 11J. En la primera  citó entre las causas “los errores cometidos en la tardía implementación de medidas económicas” ya aprobadas. En una crítica sutil a los servicios de inteligencia, señaló que no hubo la advertencia oportuna del estado de ánimo social; expuso que Estados Unidos “es el principal responsable, pero … nosotros también tenemos responsabilidades por los errores cometidos, que exigen un análisis autocrítico" y que “combatir contra el enemigo y la burocracia sería el deber y la responsabilidad de este momento histórico”.



                                              Fabián Escalante Font. Foto ecured.cu




   En el resto de su comentario (II, III), Escalante atribuye las protestas a “una operación subversiva, bien preparada, sobre un esquema de guerra sicológica” de Estados Unidos. En la misma línea, un año después, el presidente Miguel Díaz-Canel sostiene la versión oficial de que que el 11J “el pueblo cubano y la revolución cubana desmontaron un golpe de Estado vandálico”.


   La Escuela de Estudios Latinoamericanos y Globales y el diario argentino Página12 publicaron en diciembre de 2021 el libro Cuba11J: protestas, respuestas, desafíos, coordinado por Julio Carranza Valdés, Manuel Monereo y Francisco López Segrera, con ensayos de 17 autores, entre cubanos y otros latinoamericanos. 




   Carranza, economista cubano, revela ahí que él y otros cuatro de sus colegas, Humberto Pérez, Joaquín Benavides, Fidel Vascó y Pedro Monreal, presentaron al gobierno de Cuba “una actualizada propuesta de reforma integral de la economía”, que al momento de aparecer el libro no tenía respuesta.


   Entre las abundantes y disímiles interpretaciones del 11J, Carranza dice que "el sistema económico actual es obsoleto, limita las capacidades productivas de la sociedad y debe ser reformado integralmente (...) el avance y la integralidad de la reforma aún es insuficiente, no hay dudas de que hay fuerzas internas e intereses conservadores que se le oponen". El abogado y político español Monereo plantea que “para una parte de la juventud cubana el relato de la Revolución ha perdido vigor, fuerza; se ha convertido en un pasado que poco o nada tiene que ver con sus vidas y, sobre todo, con su futuro”.


    La Fiscalía General de la República (FGR) ha informado sobre las acciones judiciales que se siguieron a manifestantes del 11 de julio. El 25 de enero de 2022 reportó que había imputado cargos a 790 personas, de los cuales 490 estaban en prisión. De los acusados, 115 tenían entre 16 y 20 años de edad; hasta el 13 de junio de 2022 recibió notificación de tribunales sobre 76 sentencias para 381 personas, incluso 16 jóvenes de entre 16 y 18 años, sobre todo por delitos de sedición, sabotaje, robo con fuerza y violencia, atentado, desacato y desórdenes públicos. Hubo 297 penas de entre cinco y 25 años de cárcel.



          Imagen de un reporte de la televisión cubana sobre los juicios a los manifestantes del 11J





   Entre el 14 y el 15 de junio de 2022 los tribunales dictaron cuatro sentencias firmes, en respuesta a recursos interpuestos por 33 sancionados en La Habana y Mayabeque, por delitos de sedición, sabotaje y desórdenes públicos. Hubo 30 sentenciados a penas de entre cinco y 18  años de prisión y tres a trabajo correccional o  limitación de libertad.


   La FGR reportó sentencias firmes en La Habana, Matanzas y Santiago de Cuba, entre el 16 y el 21 de junio, por delitos de sedición, desórdenes públicos, atentado y desacato. Hubo 74 sancionados y dos absueltos, con penas para 56 de entre 10 y 18 años de cárcel. Hubo sentenciados a prisión, con sustitución de la pena por trabajo correccional o limitación de libertad, incluso para 12 jóvenes entre 16 y 18 años de edad.    


   Las organizaciones no gubernamentales Cubalex y Justicia11J, que investigan el mundo legal y judicial cubano, elaboraron el informe “Un año sin justicia: patrones de violencia estatal contra manifestantes del 11J”. Entre otras conclusiones, el reporte señaló que un año después del estallido había  701 presos del total de mil 484 detenidos; 622 procesados, de los cuales 584 con  sentencias y 27 personas de entre 16 y 18 años han recibido alguna sanción, desde cinco años de trabajo correccional 19 años de cárcel y sólo uno fue absuelto.





   El 21 de marzo de 2022, un grupo de intelectuales cubanos publicó en la revista electrónica La Joven Cuba un “Manifiesto contra el silencio, por la justicia”, en el que entre otros puntos señalaron que las penas ya dictadas entonces por el 11J son desproporcionadas y “escarnios públicos contra toda la sociedad cubana” y que las manifestaciones fueron, “como en toda Latinoamérica, un estallido social expresado mediante la desobediencia civil, resultado de la mala gestión gubernamental de la economía y de modos autoritarios de gestionar el conflicto y participación socio-políticos en Cuba”.


   En su blog La Cosa, el historiador y jurista Julio César Guanche examinó el concepto de “sedición”, su empleo en la historia cubana y su uso en los procesos contra los manifestantes. Concluye que “caracterizar el 11J sólo como intento de 'golpe blando' cierra toda legitimidad a la expresión de conflictos. Las múltiples operaciones estadunidenses sobre esos hechos, que califican en rigor de guerra híbrida, no privan a esas protestas de su núcleo popular con demandas de calidad de vida, libertad, y justicia”.


   El Comité contra la Tortura de la Organización de las Naciones Unidas examinó el tercer informe periódico de Cuba el 21 y 29 de abril de 2022. En sus “Observaciones finales”, del 9 de mayo de 2022, expresó preocupación por “presuntas detenciones arbitrarias, uso excesivo de la fuerza y malos tratos” el 11J y enlistó modalidades de esos abusos.



Imagen tomada del sitio https://www.ohchr.org/es/treaty-bodies/cat


   

   También mostró preocupación por “juicios sumarios sin garantías del debido proceso” y “lamenta la insuficiente información” de parte del gobierno cubano sobre la investigación de los atropellos denunciados. El Comité “toma nota” del rechazo del gobierno cubano a esos alegatos, pero lo instó a investigarlos, sancionar a los responsables y asegurar una reparación integral para las víctimas, así como establecer protocolos para las fuerzas del orden durante protestas sociales, “conforme a las normas internacionales de protección de los derechos humanos”.


La American University de Washington publicó un amplio dossier llamado “El camino por delante: Cuba después de las protestas del 11 de Julio”, integrado por un simposio virtual en el que 16 autores respondieron a la cuestión de cómo interpretar los hechos de aquel domingo. 


   Coordinado por los investigadores estadunidenses William LeoGrande y Philip Brenner y el canadiense John M. Kirk, el expediente también incluye 18 textos adicionales tomados de diversas fuentes y un catálogo de otros documentos, informes o análisis sobre el tema.





   Los coordinadores concluyen que “el gobierno cubano tiene enfrente a una población cansada del sacrificio, cansada de promesas de reformas que se materializan demasiado lentamente, si acaso, y cansada de un liderazgo que habla más que escucha. Si hay una lección del 11J es que la gente quiere ser escuchada y quiere que su gobierno le responda”. 



 














 














sábado, 25 de junio de 2022

La 'guerra sucia' abre conflictos en México

En un acto oficial la hija de un guerrillero termina su discurso y saluda al presidente López Obrador, que la abraza, pero en el trayecto la mujer ni siquiera mira al secretario de Defensa.
Micaela Cabañas Ayala, hija del guerrillero Lucio Cabañas Barrientos (1938-1974), pasa frente al secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval y se dirige hacia el presidente Andrés Manuel López Obrador. Imagen tomada de la transmisión en vivo 

 La estampa resume el conflicto que ahora se abre en México: un plan de reconciliación basado en la “obediencia debida” frente a otro que intenta documentar la verdad y buscar la justicia por crímenes ejecutados por militares y policías durante la guerra sucia, las décadas de represión a movimientos sociales e insurgentes. 

El choque quedó expuesto desde la escenografía. El acto que simbolizaba la apertura de archivos militares, el pasado 22 de junio, citó de manera errónea a la instancia investigadora: Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las violaciones graves a los derechos humanos cometidas de 1965 a 1990. En el panel de fondo de la ceremonia la última parte del nombre se sustituyó por “…Impulso a la Justicia de los Hechos Ocurridos…” El acto era en el Campo Militar Número 1, antiguo centro de tortura, donde ahora el Ejército eliminó hasta del título las “violaciones graves…”
La ceremonia en el Campo Militar Número 1, en la Ciudad de México, el 22 de junio de 2022. Foto Presidencia 


  El general secretario Luis Cresencio Sandoval expuso la subordinación de las fuerzas armadas al poder civil y a la ley, no habló de los atropellos. Por el contrario, anunció un “mecanismo integral de reconciliación social” y un homenaje a los militares muertos en la guerra sucia. 

López Obrador confirmó que entendía ese acto como señal de “reconciliación” y argumentó explícitamente la “obediencia debida”: “La responsabilidad principal, incluso legal, recae en las autoridades civiles”, dijo el presidente. “Actos que han manchado la trayectoria de contribución al desarrollo de México de las Fuerzas Armadas han estado vinculados, relacionados con órdenes recibidas por gobiernos civiles (…) fue una orden dada desde arriba”.

Ya el grupo de expertos precisó que el plan de trabajo con la Secretaría de la Defensa Nacional no incluye ninguna reivindicación ni homenaje a militares. Lo mismo dijo tácitamente la Comisión. El conflicto sobre la reivindicación y reconciliación está abierto. Aún falta el debate sobre la “obediencia debida”. 

Nada es extraño. Conflictos similares, en mayo o menor medida, han surgido en la ejecución de mecanismos de justicia transicional como en Colombia, El Salvador, Irlanda del Norte, Ruanda o Sudáfrica.

El subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, Alejandro Encinas, recordó a la Brigada Blanca, el escuadrón de la muerte que operó en México como lo hicieron la Alianza Anticomunista Argentina, el Batallón 3-16 de Honduras o los Grupos Antiterroristas de Liberación de España. La Brigada era de composición mixta, de militares y civiles, procedentes de cuerpos como la Policía Judicial Federal, la Dirección Federal de Seguridad, las policías judiciales del Distrito Federal y de algunos estados y la División de Investigación para la Prevención de la Delincuencia capitalina. 

Dentro y fuera de la Brigada jefes policiales normalizaron el terror y la tortura y se cobijaron bajo la impunidad no sólo en la operación contra guerrillas y movimientos sociales, sino también frente a la delincuencia común. Su investigación será muy relevante. 








sábado, 7 de mayo de 2022

AMLO ante el 'tsunami' migratorio cubano

La crisis migratoria cubana en curso es parte de un conflicto de seguridad nacional de México y merece un giro en la visión del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Cualquier registro mostrará un insólito crecimiento reciente del tránsito de cubanos por Centroamérica y México camino hacia el norte. Un escenario peor del que revelan las cifras es el que no revelan: el trayecto semiclandestino de una parte de esos migrantes por selvas y montañas, para evitar controles policiales y la extorsión de las autoridades migratorias a lo largo de la ruta. El ejercicio del derecho humano de emigrar se convierte así en objetivo de la delincuencia organizada, foco de tensión y fuente de inestabilidad y violencia. ¿Por qué México tiene que preferir que prospere ese fenómeno en lugar de crear una base sólida para la emigración segura, legal y ordenada? En el caso de Cuba, paradójicamente México ha reducido el acceso al tránsito legal. La pandemia obligó al cierre del consulado durante dos años y a la suspensión temporal de vuelos directos entre ambos países.
Migrantes cubanos esperan cruzar la frontera de México con Estados Unidos, en imagen de archivo. Foto Cuartoscuro La tramitación de visas en La Habana ya arrastraba un grave caso de corrupción, en el que llegaron a venderse citas -sin garantía del documento- por miles de dólares, mientras que el acceso a los turnos por internet estaba prácticamente bloqueado. Persiste el mercado negro, aunque las citas obtenidas por esa vía ya no prosperan en el trámite. De cualquier manera, la Secretaría de Relaciones Exteriores de México y el gobierno cubano deben una explicación sobre cómo pudo existir impunemente un mecanismo que requiere accesos reservados a la plataforma tecnológica mexicana y operación de campo. Al reabrirse actividades, a la demanda normal acumulada en la pandemia se sumó un aumento exponencial de peticiones de visado. Sin embargo, la capacidad mexicana de tramitación es exigua: un puñado de funcionarios y un local insuficiente para el tsunami migratorio, que posiblemente ronde ahora varias decenas de miles, contra cerca de 20 mil visas anuales que se entregaban hasta 2019 y apenas 16 mil convocatorias para lo que resta de este año. El gobierno de López Obrador está interpelado por una nueva realidad, que ya no es la de hace dos años. Tiene que definir hasta qué punto está dispuesto a aceptar la migración cubana legal; si puede abrir un plan de reunificación familiar, como ya existió en el pasado; si, en consecuencia, puede elevar la dimensión de la actual sección consular en La Habana y si puede abrir un consulado general en alguna provincia cubana del centro o el oriente del país. A una situación excepcional no se le puede responder con una mirada burocrática, limitada por causas presupuestales; tampoco puede pesar el temor a una posible inconformidad de Estados Unidos, que quizás prefiera seguir abriendo la vía legal para la emigración desde la isla a cuentagotas y tratar de usar a México como puente para la deportación masiva de cubanos. Se requiere de México una respuesta excepcional, de Estado.

martes, 25 de enero de 2022

Presentación de 'Cuba. El futuro a debate'

    (Presentación de mi libro Cuba. El futuro a debate, el 22 de enero de 2022, en la Casa Refugio Citlaltépetl de la Ciudad de México)


Quiero dedicar estas palabras a la memoria de tres compañeros.

A Javier Valdez, a quien hemos recordado en el Memorial que lleva su nombre en esta Casa. 

A Miroslava Breach, quien como Javier nos ha dejado un ejemplo de entrega al oficio. 

Y a Josetxo Zaldua, con quien compartí largas discusiones sobre Cuba y quien respaldó desde el primer momento la edición del libro.

Agradezco en todo lo mucho que vale la presencia de ustedes. Salir en una mañana de sábado invernal, en plena pandemia, como dicen en Cuba, no es nada fácil.

Pero, como dicen en México, a los amigos se les conoce en la cárcel, en la enfermedad y en las presentaciones de libros.





                                           Foto Mariana Domínguez


Agradezco la hospitalidad de la Casa Refugio Citlaltépetl, que honra su misión defensora de los derechos humanos, la migración y la libertad de expresión, ahora bajo la dirección de mi querida amiga María Cortina.

Y desde luego agradezco a quienes me acompañan en la mesa, mis colegas y queridas amigas de tanto tiempo, Blanche y Lourdes y a David, quien encabezó el espléndido trabajo de edición del libro. 



                                    Foto José Antonio López/ La Jornada


Es muy grato realizar esta presentación al lado de la figura señera de Gilberto Bosques, el recordado diplomático mexicano que salvó vidas en la Segunda Guerra Mundial y que, además, fue un testigo de excepción de la revolución cubana, desde su puesto de embajador en La Habana en una década decisiva para la isla, 1953-1964.


                                   Foto Casa Refugio Citlaltépetl


En la noche del 31 de julio de 2006 yo veía en mi casa de La Habana el noticiero nocturno de la televisión, cuando de pronto el locutor anunciaba que minutos más tarde se daría a conocer una “Proclama del comandante en jefe”.

En esa “Proclama”, Fidel Castro decía, en síntesis, que había tenido una grave crisis de salud y que delegaba sus cargos oficiales, de manera provisional, en su hermano menor, Raúl Castro.

Pero lo más interesante de la “Proclama” era lo que no decía. Entre otras cosas, que nunca antes, desde el triunfo de la revolución cubana, 47 años atrás, Fidel Castro había tenido que dejar el mando y que no estaba claro lo que ocurriría a partir de entonces.

Tras escuchar la “Proclama” tuve que escribir a toda prisa y contra el reloj, pues ya se aproximaba la hora del cierre en el periódico. 

Después de transmitir mi despacho salí a la calle a pasear a mi perra y, claro, a darle vueltas a la cabeza para intentar adivinar todo lo mucho que se venía por delante. 

De regreso encontré en una esquina un verdadero debate entre vecinos, que compartían mis dudas y cruzaban preguntas y conjeturas.

Al final del primer capítulo escribí en el libro: “Si algo se puede  percibir desde poco después de escuchar la “Proclama” es la sensación, a veces la confirmación explícita, de que los cubanos sienten entonces el momento crítico que interrumpe abruptamente la historia y abre un horizonte de incertidumbre. Saben que un momento así llegaría tarde o temprano, pero algo muy distinto es tomar conciencia de que esa misma noche ya están viviendo un futuro que antes parecía más o menos borroso”.

Ese futuro trajo un vertiginoso cambio en el conflicto con Estados Unidos, que fue desde el restablecimiento de relaciones diplomáticas a uno de los periodos más duros de hostilidad. Trajo también la crisis de Venezuela, aliado estratégico de la isla.

En lo interno sobrevino el relevo generacional en el mando, una apertura económica con avances y retrocesos y la explosión civil de una sociedad más observadora, más crítica, más activa, más expresiva y más demandante que antes, que ha puesto en el centro del escenario reclamos de libertades cada vez mayores.

En Cuba. El futuro a debate, el hilo conductor es la discusión sobre qué hacer con el rumbo del país, a partir de que nada puede ser como en los años ochenta. Una discusión que arranca con la caída del Muro de Berlín y que no ha cesado, por el contrario, ha tomado nuevas rutas e intensidades.

Esta es la historia que tienen ustedes en sus manos.




Aquí el video de la presentación, gracias a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México 👉 https://bit.ly/3rLqJDj 


Aquí, reseña de la presentación por mi compañera de La Jornada Alondra Flores Soto 👉 https://bit.ly/3H4JmIU







domingo, 19 de septiembre de 2021

AMLO ante EU, China, Cuba y la Celac




   ¿Busca López Obrador mediar en el conflicto entre Cuba y Estados Unidos? ¿Pone a la isla como una pieza de su propuesta de integración americana frente al poderío de China?

   Ambas preguntas surgen después de que en sólo dos meses el presidente López Obrador ha dicho tres discursos de política exterior, que coinciden en tres puntos: las relaciones hemisféricas, China y Cuba. 

   Por primera vez en la historia del desfile anual del 16 de septiembre hubo discursos previos al paso de la columna militar y se invitó a un jefe de Estado extranjero, en este caso el cubano Miguel Díaz-Canel. 



Los presidentes de Cuba, Miguel Díaz-Canel y de México, Andrés Manuel López Obrador, el 16 de septiembre de 2021 en la Ciudad de México. Foto José Antonio López



   El presidente mexicano había explicado que Díaz-Canel era uno de los invitados a las conmemoraciones históricas por los  aniversarios redondos de 2021, como meses antes lo fueron los presidentes de Argentina, Bolivia, Ecuador y Guatemala.

   Pero no queda claro por qué un invitado extranjero tenía que venir el 16 de septiembre, cuando no se cumple un aniversario redondo y es con la víspera, día del Grito de Independencia, la fecha más destacada y atendida del calendario cívico nacional.

  Díaz-Canel estuvo invitado al menos a un par de fechas históricas antes este mismo año, pero esos viajes se cancelaron o pospusieron. Sea por ajustes de calendario o por una decisión explícita, la asistencia del mandatario cubano el 16 de septiembre puso a Cuba en un sitio protagónico en la serie de manifestaciones de política exterior de López Obrador.

   El 24 de julio, aniversario del natalicio de Simón Bolívar, el presidente de México puso sobre la mesa “el crecimiento desmesurado de China” y la debilidad comparativa de América del Norte. Propuso vigorizar la zona norteamericana, con Estados Unidos “fuerte en lo económico y no sólo en lo militar” y lanzó su idea de construir “algo semejante a la Unión Europea (UE)”. 

   Al mismo tiempo, puso los reflectores sobre la agresión económica de Estados Unidos contra la isla: “Podemos estar de acuerdo o no con la Revolución Cubana y con su gobierno, pero el haber resistido 62 años sin sometimiento, es toda una hazaña”.

   El día del desfile el presidente mexicano repitió parte de sus dichos de julio sobre Cuba y agregó la demanda directa al gobierno de Estados Unidos de “levantar el bloqueo” contra la isla. 

   López Obrador volvió a sus argumentos en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), el 18 de septiembre. Identificó al organismo como “el principal instrumento para consolidar las relaciones” regionales y construir la integración estilo UE.  

  Las ideas que se han combinado en los tres discursos sugieren que el proyecto de una América unida frente a China, mediante un tratado regional y “una nueva convivencia”, se basa en el diálogo y la alianza con Washington y pasa por cesar el ataque económico a Cuba.




Cumbre de la Celac en la Ciudad de México, el 18 de septiembre de 2021. Foto Presidencia


Huecos y oportunidades


   El rechazo a la presión económica contra Cuba es una posición que han mantenido los gobiernos mexicanos durante seis décadas. López Obrador agregó esta vez dos consideraciones: “Se ve mal que el gobierno de Estados Unidos utilice el bloqueo para impedir el bienestar del pueblo de Cuba con el propósito de que éste, obligado por la necesidad, tenga que enfrentar a su propio gobierno. Si esta perversa estrategia lograse tener éxito –algo que no parece probable por la dignidad a que nos hemos referido–, repito, si tuviera éxito, se convertiría en un triunfo pírrico, vil y canallesco”.

   Y luego extendió el escenario de soluciones a parte de la emigración cubana en Estados Unidos: “En la búsqueda de la reconciliación también debe ayudar la comunidad cubano estadunidense, haciendo a un lado los intereses electorales o partidistas. Hay que dejar atrás resentimientos, entender las nuevas circunstancias y buscar la reconciliación”.

   Ambos planteamientos son limitados. El primero omite de la ecuación las demandas de sectores de la población cubana, cuya  legitimidad ha reconocido el propio Díaz-Canel. En las semanas siguientes a las protestas del 11 de julio, con una catarata de acciones, medidas regulatorias y un amplio paquete legislativo, el gobierno cubano confirmó por la vía de los hechos que había respuestas a reclamos populares reales, no inducidos por la propaganda animada desde Estados Unidos.

   La segunda propuesta de López Obrador, el llamado a la reconciliación, también tiene omisiones, en este caso las otras partes del diálogo, el gobierno de La Habana y la población residente en la isla. Barack Obama ya había expuesto el punto durante su visita a Cuba en 2016 y desató una tormentosa polémica sin solución. 

   A lo largo de la historia las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos han sido directas, pero en ocasiones las han precedido gestiones de intermediación. México ha sido puente al menos en dos ocasiones relevantes: en 1981, cuando el gobierno de José López Portillo promovió una entrevista entre el secretario de Estado estadounidense, Alexander Haig y el vicepresidente cubano Carlos Rafael Rodríguez, que terminó sin resultados.

   La segunda vez fue la intervención de Carlos Salinas de Gortari para propiciar las negociaciones que condujeron en 1994 a los vigentes acuerdos migratorios entre Washington y La Habana.

   En otro sector de la propuesta, López Obrador plantea un modelo de integración semejante a la UE con base en la “no intervención”, cuando el proceso europeo se basa, precisamente, en la cesión de soberanía y disciplinas comunes.

   A pesar de los huecos visibles en la argumentación, López Obrador detonó un menú de opciones para el hemisferio, en un momento en el que ha estrechado la relación con Estados Unidos (Diálogo Económico de Alto Nivel, freno a la emigración centroamericana), ha fortalecido el trato político con Cuba y, aún con ausencias, ha vuelto a sentar a la mesa a la Celac. 

  Pero el camino aún está por verse, con el silencio de Estados Unidos y con los conflictos y discrepancias que mostró la reunión latinoamericana. 







miércoles, 15 de septiembre de 2021

Debate en Cuba: 'La Tizza' y Rolando Prats

  Las protestas del 11 de julio pasado dinamizaron en Cuba la discusión sobre el rumbo del país.

   Las opiniones remiten al debate abierto sobre qué hacer en la isla, qué tanto cambiar, en qué aspectos y con qué límites, a partir del hecho de que nada podría ser igual al pasado que cayó con el Muro de Berlín.

 

  Uno de los escenarios fluidos en la discusión ha sido el sitio La Tizza, revista digital que se define como plataforma para debatir “el proyecto de la revolución cubana, su relación con las prácticas políticas del día, y sus futuros posibles” y que “apuesta por la profundización del socialismo, única garantía de su pervivencia”.


   Días después del 11J, un editorial consideró que quienes salieron a las calles ese domingo “eran pueblo”, del sector “que más ha sufrido los efectos” de la crisis combinada de agresión económica de Estados Unidos y pandemia. Y eran de la parte “más desfavorecida con el inevitable aumento de la desigualdad social con que el avance de reformas de mercado ha lacerado y segmentado nuestra sociedad”.


   “Si soslayamos esta complejidad, si pensamos simplemente que son ‘delincuentes’ o ‘marginales', si nos resistimos a entender los procesos de marginación y si no reconocemos las deudas con los más humildes hacia lo interno de nuestra sociedad nunca vamos a entender qué ocurrió ese domingo”, agrega el comentario.


   Pero considera la revista que ese sector, al menos en La Habana, “fue activado por la agenda política de la contrarrevolución (…) Hubo espontaneidad, pero también hubo una operación política y de inteligencia, ejecutada por actores que sí comprenden perfectamente la agenda en juego”.


  En un segundo editorial, desarrollo del anterior, La Tizza desglosa iniciativas que enlazan la coyuntura con proyecciones de largo plazo: combate a la corrupción, como forma de redistribuir riqueza; reorientar recursos “mal empleados”, con el ejemplo, entre otros, del turismo, que mantiene el ritmo de inversión pese a la caída reciente por la pandemia y la construcción de “contrapesos de poder social”, como llama a las atribuciones legales que tiene la población para frenar “decisiones erradas o implementadas con pobre eficacia” a cargo de “directivos insensibles, corruptos y autoritarios”.



                                               Foto tomada de La Tizza


Rolando Prats


   Poeta cubano, crítico literario, ensayista y traductor de Naciones Unidas, Rolando Prats-Paez es un colaborador de La Tizza y al mismo tiempo editor del sitio Patrias. Actos y Letras.


   Consultado para estas líneas, Rolando Prats considera que la dirigencia cubana debe satisfacer “las exigencias cada vez más tangibles de democratización de la vida económica, social y cultural, pero también política, del país”, con pleno apego a la Constitución y las leyes, con una “re-imaginación de lo democrático mismo, no como algo que pone en riesgo la herencia de la Revolución o la viabilidad de los proyectos en marcha del Estado, sino todo lo contrario, como una condición necesaria y, al mismo tiempo, un arma política y hasta ideológica poderosa para preservar, ampliar y profundizar, haciéndolo más atractivo para un número mayor, el proyecto de construcción de una sociedad justa, pero también libre, próspera, avanzada, moderna”.


   Señala también: “Sería miope y sería suicida seguir apostando a que vendrán tiempos mejores, que algún día volverán a ‘normalizarse’ las relaciones con los Estados Unidos, que el bloqueo se suavizará o desaparecerá, que China o Rusia o Irán o incluso Venezuela podrán una vez más venir al rescate y evitar que la nave haga agua, que los ingresos provenientes del turismo o la biotecnología o los servicios médicos que presta Cuba serán suficientes para sobrevivir en paz o que habrá alguna otra revolución en América Latina, y que se podrá entonces seguir posponiendo el gran desafío de la exigencia democrática”.


   En ese reclamo no hay “un riesgo mortal, sino la mejor oportunidad y posiblemente la única no sólo de preservar lo mucho que se logró durante los mejores años de la Revolución, sino también de profundizarlo, poniéndolo a la altura de los deseos, las expectativas, las sensibilidades, las capacidades y el imaginario de quienes serán sus protagonistas y de quienes, en definitiva, le han sido fieles a ese proyecto durante generaciones”.


   “El día que en Cuba se pueda salir a protestar autorizada y pacíficamente —y que las propias fuerzas del orden protejan a los manifestantes—, ese día se derrumbará un mito, no el de la Revolución, sino el de quienes propugnan, porque están convencidos de ello, que socialismo y libertad son incompatibles en Cuba”, apunta el ensayista.


   Sin embargo, expresa una reserva: “Toda expansión del espacio público para su utilización con fines de disentimiento político —por muy legítimo que sea el ejercicio de ese derecho— podrá y seguramente será utilizado con fines subversivos, sobre todo desde el exterior, sobre todo desde los Estados Unidos, sobre todo desde Miami, y que no se desaprovechará ninguna oportunidad para hacer realidad la agenda de regime change. Pero la alternativa no puede ser seguir alimentando la posibilidad de que ello ocurra por otras vías. Habrá que saber adelantarse a la próxima crisis”.