sábado, 7 de mayo de 2022
AMLO ante el 'tsunami' migratorio cubano
lunes, 28 de marzo de 2022
martes, 25 de enero de 2022
Presentación de 'Cuba. El futuro a debate'
(Presentación de mi libro Cuba. El futuro a debate, el 22 de enero de 2022, en la Casa Refugio Citlaltépetl de la Ciudad de México)
Quiero dedicar estas palabras a la memoria de tres compañeros.
A Javier Valdez, a quien hemos recordado en el Memorial que lleva su nombre en esta Casa.
A Miroslava Breach, quien como Javier nos ha dejado un ejemplo de entrega al oficio.
Y a Josetxo Zaldua, con quien compartí largas discusiones sobre Cuba y quien respaldó desde el primer momento la edición del libro.
Agradezco en todo lo mucho que vale la presencia de ustedes. Salir en una mañana de sábado invernal, en plena pandemia, como dicen en Cuba, no es nada fácil.
Pero, como dicen en México, a los amigos se les conoce en la cárcel, en la enfermedad y en las presentaciones de libros.
Foto Mariana Domínguez
Agradezco la hospitalidad de la Casa Refugio Citlaltépetl, que honra su misión defensora de los derechos humanos, la migración y la libertad de expresión, ahora bajo la dirección de mi querida amiga María Cortina.
Y desde luego agradezco a quienes me acompañan en la mesa, mis colegas y queridas amigas de tanto tiempo, Blanche y Lourdes y a David, quien encabezó el espléndido trabajo de edición del libro.
Foto José Antonio López/ La Jornada
Es muy grato realizar esta presentación al lado de la figura señera de Gilberto Bosques, el recordado diplomático mexicano que salvó vidas en la Segunda Guerra Mundial y que, además, fue un testigo de excepción de la revolución cubana, desde su puesto de embajador en La Habana en una década decisiva para la isla, 1953-1964.
Foto Casa Refugio Citlaltépetl
En la noche del 31 de julio de 2006 yo veía en mi casa de La Habana el noticiero nocturno de la televisión, cuando de pronto el locutor anunciaba que minutos más tarde se daría a conocer una “Proclama del comandante en jefe”.
En esa “Proclama”, Fidel Castro decía, en síntesis, que había tenido una grave crisis de salud y que delegaba sus cargos oficiales, de manera provisional, en su hermano menor, Raúl Castro.
Pero lo más interesante de la “Proclama” era lo que no decía. Entre otras cosas, que nunca antes, desde el triunfo de la revolución cubana, 47 años atrás, Fidel Castro había tenido que dejar el mando y que no estaba claro lo que ocurriría a partir de entonces.
Tras escuchar la “Proclama” tuve que escribir a toda prisa y contra el reloj, pues ya se aproximaba la hora del cierre en el periódico.
Después de transmitir mi despacho salí a la calle a pasear a mi perra y, claro, a darle vueltas a la cabeza para intentar adivinar todo lo mucho que se venía por delante.
De regreso encontré en una esquina un verdadero debate entre vecinos, que compartían mis dudas y cruzaban preguntas y conjeturas.
Al final del primer capítulo escribí en el libro: “Si algo se puede percibir desde poco después de escuchar la “Proclama” es la sensación, a veces la confirmación explícita, de que los cubanos sienten entonces el momento crítico que interrumpe abruptamente la historia y abre un horizonte de incertidumbre. Saben que un momento así llegaría tarde o temprano, pero algo muy distinto es tomar conciencia de que esa misma noche ya están viviendo un futuro que antes parecía más o menos borroso”.
Ese futuro trajo un vertiginoso cambio en el conflicto con Estados Unidos, que fue desde el restablecimiento de relaciones diplomáticas a uno de los periodos más duros de hostilidad. Trajo también la crisis de Venezuela, aliado estratégico de la isla.
En lo interno sobrevino el relevo generacional en el mando, una apertura económica con avances y retrocesos y la explosión civil de una sociedad más observadora, más crítica, más activa, más expresiva y más demandante que antes, que ha puesto en el centro del escenario reclamos de libertades cada vez mayores.
En Cuba. El futuro a debate, el hilo conductor es la discusión sobre qué hacer con el rumbo del país, a partir de que nada puede ser como en los años ochenta. Una discusión que arranca con la caída del Muro de Berlín y que no ha cesado, por el contrario, ha tomado nuevas rutas e intensidades.
Esta es la historia que tienen ustedes en sus manos.
Aquí el video de la presentación, gracias a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México 👉 https://bit.ly/3rLqJDj
Aquí, reseña de la presentación por mi compañera de La Jornada Alondra Flores Soto 👉 https://bit.ly/3H4JmIU
domingo, 19 de septiembre de 2021
AMLO ante EU, China, Cuba y la Celac
¿Busca López Obrador mediar en el conflicto entre Cuba y Estados Unidos? ¿Pone a la isla como una pieza de su propuesta de integración americana frente al poderío de China?
Ambas preguntas surgen después de que en sólo dos meses el presidente López Obrador ha dicho tres discursos de política exterior, que coinciden en tres puntos: las relaciones hemisféricas, China y Cuba.
Por primera vez en la historia del desfile anual del 16 de septiembre hubo discursos previos al paso de la columna militar y se invitó a un jefe de Estado extranjero, en este caso el cubano Miguel Díaz-Canel.
Los presidentes de Cuba, Miguel Díaz-Canel y de México, Andrés Manuel López Obrador, el 16 de septiembre de 2021 en la Ciudad de México. Foto José Antonio López
El presidente mexicano había explicado que Díaz-Canel era uno de los invitados a las conmemoraciones históricas por los aniversarios redondos de 2021, como meses antes lo fueron los presidentes de Argentina, Bolivia, Ecuador y Guatemala.
Pero no queda claro por qué un invitado extranjero tenía que venir el 16 de septiembre, cuando no se cumple un aniversario redondo y es con la víspera, día del Grito de Independencia, la fecha más destacada y atendida del calendario cívico nacional.
Díaz-Canel estuvo invitado al menos a un par de fechas históricas antes este mismo año, pero esos viajes se cancelaron o pospusieron. Sea por ajustes de calendario o por una decisión explícita, la asistencia del mandatario cubano el 16 de septiembre puso a Cuba en un sitio protagónico en la serie de manifestaciones de política exterior de López Obrador.
El 24 de julio, aniversario del natalicio de Simón Bolívar, el presidente de México puso sobre la mesa “el crecimiento desmesurado de China” y la debilidad comparativa de América del Norte. Propuso vigorizar la zona norteamericana, con Estados Unidos “fuerte en lo económico y no sólo en lo militar” y lanzó su idea de construir “algo semejante a la Unión Europea (UE)”.
Al mismo tiempo, puso los reflectores sobre la agresión económica de Estados Unidos contra la isla: “Podemos estar de acuerdo o no con la Revolución Cubana y con su gobierno, pero el haber resistido 62 años sin sometimiento, es toda una hazaña”.
El día del desfile el presidente mexicano repitió parte de sus dichos de julio sobre Cuba y agregó la demanda directa al gobierno de Estados Unidos de “levantar el bloqueo” contra la isla.
López Obrador volvió a sus argumentos en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), el 18 de septiembre. Identificó al organismo como “el principal instrumento para consolidar las relaciones” regionales y construir la integración estilo UE.
Las ideas que se han combinado en los tres discursos sugieren que el proyecto de una América unida frente a China, mediante un tratado regional y “una nueva convivencia”, se basa en el diálogo y la alianza con Washington y pasa por cesar el ataque económico a Cuba.
Huecos y oportunidades
El rechazo a la presión económica contra Cuba es una posición que han mantenido los gobiernos mexicanos durante seis décadas. López Obrador agregó esta vez dos consideraciones: “Se ve mal que el gobierno de Estados Unidos utilice el bloqueo para impedir el bienestar del pueblo de Cuba con el propósito de que éste, obligado por la necesidad, tenga que enfrentar a su propio gobierno. Si esta perversa estrategia lograse tener éxito –algo que no parece probable por la dignidad a que nos hemos referido–, repito, si tuviera éxito, se convertiría en un triunfo pírrico, vil y canallesco”.
Y luego extendió el escenario de soluciones a parte de la emigración cubana en Estados Unidos: “En la búsqueda de la reconciliación también debe ayudar la comunidad cubano estadunidense, haciendo a un lado los intereses electorales o partidistas. Hay que dejar atrás resentimientos, entender las nuevas circunstancias y buscar la reconciliación”.
Ambos planteamientos son limitados. El primero omite de la ecuación las demandas de sectores de la población cubana, cuya legitimidad ha reconocido el propio Díaz-Canel. En las semanas siguientes a las protestas del 11 de julio, con una catarata de acciones, medidas regulatorias y un amplio paquete legislativo, el gobierno cubano confirmó por la vía de los hechos que había respuestas a reclamos populares reales, no inducidos por la propaganda animada desde Estados Unidos.
La segunda propuesta de López Obrador, el llamado a la reconciliación, también tiene omisiones, en este caso las otras partes del diálogo, el gobierno de La Habana y la población residente en la isla. Barack Obama ya había expuesto el punto durante su visita a Cuba en 2016 y desató una tormentosa polémica sin solución.
A lo largo de la historia las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos han sido directas, pero en ocasiones las han precedido gestiones de intermediación. México ha sido puente al menos en dos ocasiones relevantes: en 1981, cuando el gobierno de José López Portillo promovió una entrevista entre el secretario de Estado estadounidense, Alexander Haig y el vicepresidente cubano Carlos Rafael Rodríguez, que terminó sin resultados.
La segunda vez fue la intervención de Carlos Salinas de Gortari para propiciar las negociaciones que condujeron en 1994 a los vigentes acuerdos migratorios entre Washington y La Habana.
En otro sector de la propuesta, López Obrador plantea un modelo de integración semejante a la UE con base en la “no intervención”, cuando el proceso europeo se basa, precisamente, en la cesión de soberanía y disciplinas comunes.
A pesar de los huecos visibles en la argumentación, López Obrador detonó un menú de opciones para el hemisferio, en un momento en el que ha estrechado la relación con Estados Unidos (Diálogo Económico de Alto Nivel, freno a la emigración centroamericana), ha fortalecido el trato político con Cuba y, aún con ausencias, ha vuelto a sentar a la mesa a la Celac.
Pero el camino aún está por verse, con el silencio de Estados Unidos y con los conflictos y discrepancias que mostró la reunión latinoamericana.
miércoles, 15 de septiembre de 2021
Debate en Cuba: 'La Tizza' y Rolando Prats
Las protestas del 11 de julio pasado dinamizaron en Cuba la discusión sobre el rumbo del país.
Las opiniones remiten al debate abierto sobre qué hacer en la isla, qué tanto cambiar, en qué aspectos y con qué límites, a partir del hecho de que nada podría ser igual al pasado que cayó con el Muro de Berlín.
Uno de los escenarios fluidos en la discusión ha sido el sitio La Tizza, revista digital que se define como plataforma para debatir “el proyecto de la revolución cubana, su relación con las prácticas políticas del día, y sus futuros posibles” y que “apuesta por la profundización del socialismo, única garantía de su pervivencia”.
Días después del 11J, un editorial consideró que quienes salieron a las calles ese domingo “eran pueblo”, del sector “que más ha sufrido los efectos” de la crisis combinada de agresión económica de Estados Unidos y pandemia. Y eran de la parte “más desfavorecida con el inevitable aumento de la desigualdad social con que el avance de reformas de mercado ha lacerado y segmentado nuestra sociedad”.
“Si soslayamos esta complejidad, si pensamos simplemente que son ‘delincuentes’ o ‘marginales', si nos resistimos a entender los procesos de marginación y si no reconocemos las deudas con los más humildes hacia lo interno de nuestra sociedad nunca vamos a entender qué ocurrió ese domingo”, agrega el comentario.
Pero considera la revista que ese sector, al menos en La Habana, “fue activado por la agenda política de la contrarrevolución (…) Hubo espontaneidad, pero también hubo una operación política y de inteligencia, ejecutada por actores que sí comprenden perfectamente la agenda en juego”.
En un segundo editorial, desarrollo del anterior, La Tizza desglosa iniciativas que enlazan la coyuntura con proyecciones de largo plazo: combate a la corrupción, como forma de redistribuir riqueza; reorientar recursos “mal empleados”, con el ejemplo, entre otros, del turismo, que mantiene el ritmo de inversión pese a la caída reciente por la pandemia y la construcción de “contrapesos de poder social”, como llama a las atribuciones legales que tiene la población para frenar “decisiones erradas o implementadas con pobre eficacia” a cargo de “directivos insensibles, corruptos y autoritarios”.
Rolando Prats
Poeta cubano, crítico literario, ensayista y traductor de Naciones Unidas, Rolando Prats-Paez es un colaborador de La Tizza y al mismo tiempo editor del sitio Patrias. Actos y Letras.
Consultado para estas líneas, Rolando Prats considera que la dirigencia cubana debe satisfacer “las exigencias cada vez más tangibles de democratización de la vida económica, social y cultural, pero también política, del país”, con pleno apego a la Constitución y las leyes, con una “re-imaginación de lo democrático mismo, no como algo que pone en riesgo la herencia de la Revolución o la viabilidad de los proyectos en marcha del Estado, sino todo lo contrario, como una condición necesaria y, al mismo tiempo, un arma política y hasta ideológica poderosa para preservar, ampliar y profundizar, haciéndolo más atractivo para un número mayor, el proyecto de construcción de una sociedad justa, pero también libre, próspera, avanzada, moderna”.
Señala también: “Sería miope y sería suicida seguir apostando a que vendrán tiempos mejores, que algún día volverán a ‘normalizarse’ las relaciones con los Estados Unidos, que el bloqueo se suavizará o desaparecerá, que China o Rusia o Irán o incluso Venezuela podrán una vez más venir al rescate y evitar que la nave haga agua, que los ingresos provenientes del turismo o la biotecnología o los servicios médicos que presta Cuba serán suficientes para sobrevivir en paz o que habrá alguna otra revolución en América Latina, y que se podrá entonces seguir posponiendo el gran desafío de la exigencia democrática”.
En ese reclamo no hay “un riesgo mortal, sino la mejor oportunidad y posiblemente la única no sólo de preservar lo mucho que se logró durante los mejores años de la Revolución, sino también de profundizarlo, poniéndolo a la altura de los deseos, las expectativas, las sensibilidades, las capacidades y el imaginario de quienes serán sus protagonistas y de quienes, en definitiva, le han sido fieles a ese proyecto durante generaciones”.
“El día que en Cuba se pueda salir a protestar autorizada y pacíficamente —y que las propias fuerzas del orden protejan a los manifestantes—, ese día se derrumbará un mito, no el de la Revolución, sino el de quienes propugnan, porque están convencidos de ello, que socialismo y libertad son incompatibles en Cuba”, apunta el ensayista.
Sin embargo, expresa una reserva: “Toda expansión del espacio público para su utilización con fines de disentimiento político —por muy legítimo que sea el ejercicio de ese derecho— podrá y seguramente será utilizado con fines subversivos, sobre todo desde el exterior, sobre todo desde los Estados Unidos, sobre todo desde Miami, y que no se desaprovechará ninguna oportunidad para hacer realidad la agenda de regime change. Pero la alternativa no puede ser seguir alimentando la posibilidad de que ello ocurra por otras vías. Habrá que saber adelantarse a la próxima crisis”.
sábado, 17 de julio de 2021
Migración expulsa de México a escritor chileno
El escritor chileno Laurence Maxwell fue detenido en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y deportado a su país el mes pasado por una causa sin fundamento, en uno más de los procedimiento similares que realiza el Instituto Nacional de Migración.
Maxwell estudiaba en México en 2014, cuando fue detenido en una manifestación que reclamaba la aparición de los estudiantes de Ayotzinapa. Acusado de delitos federales, fue liberado por falta de méritos diez días más tarde y decidió volver a Chile.
A raíz del caso se generó una alerta migratoria en su contra, que más tarde fue anulada por mandato judicial. En consecuencia, Maxwell decidió volver a México este año, sólo para encontrarse con su detención y expulsión del país.
Él mismo relató el episodio en esta crónica enviada a Del Gran Caribe:
El inadmisible
(Crónica de un viaje aberrante)
Laurence Maxwell, escritor.
En 2014, mientras hacía un doctorado en literatura en la UNAM, fui detenido en el Zocalo de Ciudad de México, en una marcha que exigía la aparición con vida de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Fui acusado injustamente de varios cargos, pero finalmente me liberaron de manera incondicional. La experiencia fue tan dura que decidí volver a Chile por un tiempo.
Durante seis largos años preparé las condiciones para volver y recuperar lo que había dejado atrás de manera violenta. Abrigué durante todos esos años la ilusión de recuperar lo perdido. Y esas condiciones empezaron a madurar cuando una abogada de Derechos Humanos, que siguió el caso, me aseguró que la alerta migratoria que se había instalado en los bancos de datos del Instituto Nacional de Migración había sido revocada por orden de un juez federal. Era la pieza que faltaba. Por eso decidí viajar.
Laurence Maxwell (c) y sus padres, a su regreso a Chile tras su detención en México en 2014. Foto Radio Cooperativa
Me invitaron, además, formalmente a presentar mi libro El gato en el congelador. Como si se tratara de una carrera de obstáculos fui sorteando uno a uno los inconvenientes, cumpliendo minuciosamente con cada formalidad. El pasaje fue el primer dolor de cabeza, la línea aérea me cambió la fecha de salida arbitrariamente unas cuatro veces. Hasta que una fecha se mantuvo: 27 de junio. Me tomé el PCR, saqué el permiso en Comisaría Virtual, el código QR que pedían en México, estado de cuenta bancaria, dirección donde iba a alojar, el dictamen impreso del juez, cartas de invitación. Todo. Todo parecía en regla.
No puedo decir que no iba inquieto por la posibilidad de que me negaran la entrada, pero confié en los documentos que la abogada me había enviado y en las palabras de un amigo, también escritor, que me había dicho: “Creerás que es una mamada, pero con el Obrador han cambiado ese tipo de cosas. Así que no habrá pedo.”
¿Por qué tanta obsesión por volver a México? Quería cerrar un ciclo, volver al lugar donde me había sentido más completo en mi vida. En el libro El gato en el congelador lo explico de esta manera (alerta de Spoiler): “En el avión, volando en dirección al sur, recordó un pasaje de Las enseñanzas de Don Juan. Una noche, el viejo chamán le pidió al antropólogo que buscara un lugar dentro de la choza de piso de tierra donde se sintiera bien, donde él percibiera que ese espacio le correspondía, porque, explicó, para todos hay un lugar especial con el que nos identificamos, pues nuestras energías se sintonizan con sus energías. Castaneda lo buscó y, al cabo de un rato, lo encontró. El chileno, después de deambular por muchos y muy distintos rincones, también había encontrado el que creía era su lugar en el mundo, sin embargo, en ese preciso instante, se alejaba de él a una velocidad aproximada de mil kilómetros por hora.”
También quería ver otra vez a Paolina. Nuestra relación había quedado trunca, como el resto de mi vida en esa tierra. Ella me visito en Chile una vez, y hace un par de años nos juntamos en Guatemala, ya era hora de volver a mirarnos a los ojos.
Así que, a pesar de la pandemia, tome un avión cargado con quinientos pasajeros rumbo al norte. En Lima debía hacer una escala de diez horas. Por suerte le llevaba de regalo a Jaime el libro Formas de volver a casa, de Zambra, que había comprado casi por azar. El título me gustó, era sugerente, y en la sala de espera del aeropuerto de Lima cobro un nuevo sentido. De algún modo estaba volviendo a casa. Después de mucho andar y mucha nostalgia. Me consolaba recordar que el exilio de mi padre duró trece años y que Odiseo paso veinte años lejos de Ítaca.
Sin embargo, llegando a Ciudad de México todas las ilusiones se vinieron abajo, al pasar por Migración se disparó la alarma que se suponía desactivada. El funcionario me dijo: “Acompáñeme por favor, tenemos que revisar su caso”. Tuve oportunidad de mostrar todos los papeles, llenar un par de formularios y esperar en una sala cerrada junto a unas veinte personas más. Retuvieron mi pasaporte y me pidieron que apagara el celular. Después de un par de hora volvió el funcionario que se había llevado mis documentos y me dijo: “Le tengo malas noticias, no va a poder ingresar al país”. “¿Por qué? –pregunté, angustiado– En esta resolución dice que un juez ya dio la orden de revocar esa alarma, ¡no me pueden devolver!”. No hubo forma. “Va a tener que esperar en un lugar habilitado para estos casos, hasta que haya un vuelo en que pueda regresar. No es muy cómodo, pero no hay otra opción”. Me llevaron a una sala completamente cerrada, donde me quitaron el teléfono, las agujetas y el cinturón. Me despojaban así de mi calidad de ciudadano y de persona, reduciéndome a la condición de un cuerpo que respiraba con dificultad sobre una colchoneta desnuda. Yo pensaba en Paolina, que me estaba esperando a la salida del aeropuerto junto con Jaime. “Debe estar inquieta, debe estar ansiosa, el avión aterrizó hace dos horas y no he salido”.
La estación migratoria habilitada en el aeropuerto no tenía ventanas y el ambiente era asfixiante, sólo un ventilador pequeño hacía circular el aire. Costaba respirar con el barbijo y cada vez traían más gente. Habían separado a los hombres de las mujeres, que también se quedaban con los niños. Los ocho camarotes ya estaban llenos de pasajeros, algunos se sentaban de a tres en una litera, conmigo se sentó un ecuatoriano. Realmente no había ninguna medida sanitaria. Fui a mojarme la cara, el baño estaba sucio y no había papel higiénico. “¿Cómo estará Paolina?”, seguía pensando. Tuve un episodio de mucha angustia y se insinuaron síntomas de un ataque de pánico. Me sudaban las palmas de las manos y las plantas de los pies. Me senté, respiré profundo, me concentré, traté de bajar el estado de tensión. Después de muchas horas de incertidumbre me llamaron. Me habló por teléfono una funcionaria del Instituto Nacional de Migración con un cargo elevado. Me informó que alguien había interpuesto por mi un recurso de amparo. Quería advertirme que, si lo firmaba, probablemente no me iban a expulsar del país, pero que sin dudar iba a pasar mucho tiempo encerrado en ese calabozo, mientras se resolvía el dilema jurídico. La lentitud de la burocracia mexicana y su arbitrariedad es proverbial, así que la medida de protección que con toda seguridad había interpuesto la abogada no me daba ninguna garantía de salir de ahí a la brevedad, y la verdad es que después de apenas cinco horas de encierro, no quería pasar ni un minuto más en esa celda. Fue una decisión difícil. Seguía pensando en Paolina, en las ilusiones que nos habíamos hecho con nuestro reencuentro, que ahora se verían frustradas. “¿Y si firmo, y me aguanto?” De sólo pensarlo me sudaban las manos.
Traté de dormir, pero las luces estaban encendidas de día y de noche, muy pronto perdí la noción del tiempo. Tomé agua como un dromedario. Pronto mi drama personal dio paso a un drama mucho más amplio, fui tomando nota de lo que pasaba a mi alrededor. En esa estación había hermanos y hermanas de varios países de Latinoamérica: colombianos, ecuatorianos, muchos brasileños, salvadoreños. Les negaban el ingreso sin informarles la razón, y debían resignarse en sus colchonetas a esperar un vuelo que los regresara a sus países de origen.
El ecuatoriano de Cuenca, un hombre grueso, con aspecto de obrero o trabajador rural, reparó en el libro que yo andaba trayendo y me lo pidió. Se sentó a los pies de la litera, y leyó de corrido casi la mitad de Formas de volver a casa. El azar nunca es azaroso, pensé. Esa instantánea la conservo como un fresco que describe perfectamente la situación. ¿Son esas formas de volver a casa? Mas tarde, cuando le conté a una amiga mexicana lo que había visto, dijo con espontánea indignación: “Pinche gobierno entreguista, le está haciendo el trabajo sucio al gabacho”. Y tiene razón. México fue durante décadas un país solidario y fraterno con el resto de los pueblos latinoamericanos, fue una casa de acogida y un refugio. La política exterior mexicana nunca se alineó, sin embargo, ahora, han montado verdaderas cárceles para los migrantes de Centro América y el Cono Sur.
El caso más dramático era el de un muchacho brasileño que se había casado días antes. Habían planeado con su novia con antelación su luna de miel en México. Sin embargo, llegando al aeropuerto, a ella la dejaron entrar, pero a él no. En los pocos minutos que tuvieron para discutir que hacer, antes que al muchacho se lo llevaran y los separaran, decidieron que, ya que habían pagado un hotel y un paquete turístico, que fuera ella y aprovechara la inversión. La muchacha se fue a pasar su luna de miel sola, mientras al novio lo recluían en aquel calabozo, a la espera de un vuelo de repatriación. La tristeza infinita reflejada en sus ojos es difícil de describir.
Más tarde llegó el actuario del juzgado donde habían interpuesto el amparo, tenía que firmarlo. No fui capaz. Le expliqué mi punto de vista y lo entendió.
Después llegó un delegado de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y me prometió interceder. Me sentí un niño mimado al lado de mis compañeros de infortunio.
Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Foto La Jornada
Hasta que finalmente llegó una funcionaria de la línea aérea que me ofreció un vuelo para la tarde. Lo acepté. No quería pasar ni un día más en esa celda, lo encontraba injusto, lo encontraba humillante.
Veintiocho horas después de haber llegado me embarcaron en un avión con dirección a Brasil, la máquina iba casi desocupada, pero se llenó con los brasileños devueltos que eran unos sesenta… y yo.
No me devolvieron el pasaporte, que fue pasando de manos de la policía a la de los agentes de la línea aérea.
Vino otra escala en Paraguay. En el pequeño aeropuerto de Asunción busqué un lugar aislado y solitario en un extremo del edificio. Estaba más tranquilo. Me sorprendió la presencia de un pájaro negro, un mirlo, que saltaba con sus pequeñas patitas juntas, picoteando el suelo de loza, y piando con fuerza. Miré hacia atrás, vi a la mujer de la limpieza, le dije que el pajarito estaba perdido, y con un acento muy diferente y musical me contestó: “No deja que lo agarren, tiene miedo y no sabe como volver a casa, las ventanas están todas cerradas, quien sabe como entró”. Otra vez pensé en el título del libro de Zambra. Ni el pájaro ni yo habíamos encontrado una ventana abierta para volver, y estábamos perdidos en el pequeño aeropuerto de Asunción. Me senté cerca de él, desenfundé mi guitarra y destilé notas que rezumaban tristeza, por él y por mi.
Llegando a Chile, otra funcionaria de la línea aérea, con mi pasaporte en su poder, me acompañó a los trámites con el Ministerio de Salud. “No tiene que pagar ni el PCR ni el hotel –me dijo la mujer que hizo la ficha– porque, en estricto rigor, usted no ha salido de Chile”. La miré, pensé en la absurda vuelta que acababa de dar, subiéndome y bajándome de cinco aviones, y aplaudí su capacidad de ironía.
Finalmente, fui conducido a las dependencias de la Policía de Investigaciones. “Es un inadmisible”, le dijo la funcionaria al encargado. El policía llenó un formulario, me devolvió mi pasaporte y volví a ser un “ciudadano del mundo”. Me subieron a un bus lleno de pasajeros que el Ministerio de Salud derivaba a Residencias Sanitarias.
Sin duda fue un viaje aberrante, desgastante física y emocionalmente. En la última conversación que pude tener con la abogada me aseguró que lo que había hecho Migración es ilegal, una medida arbitraria contra una resolución judicial. Es el estado de excepción en su matriz más pura, me dije a mi mismo.
Gracias a esa arbitrariedad estatal, mi relación con Paolina ha adquirido dimensiones shakesperianas, pues la imposibilidad de vernos para ambos es una tragedia que nos tiene desolados. El Estado mexicano no me deja entrar y las fronteras chilenas están cerradas.
Para colmo hoy me llegó un mail de la aerolínea en que me pedían que evaluara mi viaje a Ciudad de México. El universo es irónico.
lunes, 12 de julio de 2021
Las demandas en Cuba
Nunca, desde la revolución de 1959, había ocurrido una protesta civil contra el gobierno como la de este domingo en Cuba. Fue mayor en cantidad de participantes y en presencia territorial que su antecedente, la del 5 de agosto de 1994 en el casco antiguo de la capital.
El sitio Invntario, dedicado a la recopilación de datos y estadísticas de la isla, registró concentraciones antigubernamentales en Alquízar, Artemisa, Bauta, Bayamo, Bejucal, Camagüey, Cárdenas, Ciego de Ávila, Cienfuegos, Güines, Holguín, Jovellanos, Matanzas, Nueva Gerona, Palma Soriano, Pinar del Río, Placetas, Puerto Padre, San Antonio de los Baños, San José de las Lajas, San Nicolás, Sancti Spíritus, Santa Clara, Santiago de Cuba y una decena de ubicaciones en la Ciudad de La Habana. Al menos una acción en cada una de las provincias.
Una de las protestas antigubernamentales en Cuba, en La Habana, el 11 de julio de 2021. Foto AfpHace 27 años el resorte que impulsó a la multitud a las calles era la expectativa de emigrar a Estados Unidos, en una especie de repetición del éxodo del Mariel de 1980. Esta vez parece un efecto combinado, por lo menos, de la escasez de alimentos y medicinas, el impacto de la reforma monetaria en la carestía, la creación de un exclusivo mercado en divisas, el deterioro del nivel de vida por esa vía, la vuelta de los apagones y la expansión de la tolerancia cero oficial ante cualquier mínima protesta callejera, aún por reclamos muy elementales.
El presidente Miguel Díaz-Canel reconoció entre los manifestantes a “personas de pueblo que tienen necesidades, que están viviendo parte de estas carencias, de estas dificultades (…) personas revolucionaras, que pueden estar confundidas, que pueden no tener todos los argumentos o que también están expresando estas insatisfacciones”.
Como ocurre desde hace seis décadas, la hostilidad económica de Estados Unidos impacta en la vida cotidiana de Cuba y reclama la eliminación de sanciones. Dentro del país una sociedad plural reclama diálogo y soluciones.






