lunes, 4 de enero de 2021

¿Qué puede hacer Biden sobre Cuba?



   La política de Barack Obama hacia Cuba se desplomó porque se basaba sólo en la voluntad presidencial y un nuevo gobierno en Estados Unidos pudo desmantelarla fácilmente, dice un informe sobre el futuro de esa relación.

   El Centro para la Democracia en las Américas (CDA) y la Oficina de Washington para América Latina (WOLA), dos think tanks de largo seguimiento a las relaciones hemisféricas, difundieron el informe Estados Unidos y Cuba: una nueva política de compromiso.




   Es el esfuerzo más amplio hasta ahora entre los que ya realizan expertos de los dos países para responder cómo y por qué debería el gobierno de Joe Biden restaurar y mejorar las relaciones con la isla, trituradas por Donald Trump.


Política que dure


   Una de las propuestas esenciales del reporte es que para persuadir al gobierno cubano de que puede haber una relación constructiva con Estados Unidos, se requiere convencerlo de que la política de Washington es durable.

   El informe está dirigido sobre todo a quienes toman decisiones en Estados Unidos. Parte de que la hostilidad perjudica a la población cubana, aleja a Washington de sus aliados latinoamericanos y europeos, excluye a los negocios estadunidenses del mercado de la isla y abre las puertas a la influencia de China y Rusia, lo que el Comando Sur considera el “principal desafío estratégico que Estados Unidos enfrenta en América Latina”. 

   Sostiene que el compromiso es “la estrategia más efectiva para avanzar en la causa de los derechos humanos, la libertad política y la reforma económica” en Cuba y propone una ruta en tres pasos: 1) reversión del daño causado por Trump, 2) medidas adicionales, con base en la autoridad ejecutiva presidencial y 3) cambios en la legislación que implique sanciones contra la isla.

   Los pasos 2 y 3 son hipotéticos periodos de consolidación y desarrollo y dependen de que fructifique el primero.

   El factor de la credibilidad duradera también lo subraya el politólogo cubano Rafael Hernández, director de la revista Temas, en una serie de artículos en On Cuba News. Recuerda que casi ninguno de los acuerdos bilaterales en seis décadas han tenido el aval del Congreso estadunidense y, en cambio, quedaron sujetos a la voluntad presidencial.

   Más aún, recuerda Hernández, de los 22 instrumentos firmados por Cuba en la era Obama, la mayoría fueron apenas memorandos de entendimiento y sólo hubo un tratado, el que delimita la plataforma continental del oriente del Golfo de México, un pacto tripartita que incluye a México.

   Hernández y el informe de CDA-WOLA invocan un instrumento decisivo en cualquier posibilidad de reencuentro, la Directiva de Política Presidencial de Obama, del 14 de octubre de 2016, cuya formulación en algún tramo pasó por las manos de Biden.


¿Quid pro quo?


   El director de Temas agrega otro asunto crucial en el enfoque de cualquier negociación: no funcionará un acercamieno que se base en un trueque de decisiones. 

   Dice que una negociación basada en un quid pro quo haría que el gobierno cubano “se expondría no sólo a abrir un flanco en su posición negociadora, sino, sobre todo, a una pérdida de legitimidad, tanto entre sus seguidores como entre otros muchos ciudadanos, dentro y fuera de la Isla, para quienes la defensa del interés nacional pasa por la soberanía, ante todo”.  

   En este punto coinciden William LeoGrande y Peter Kornbluh, los autores de Diplomacia encubierta con Cuba. Historia de las negociaciones secretas entre Washington y La Habana (México, FCE, 2015).

   Biden enfrentará “una feroz presión política” para pedirle concesiones a Cuba a cambio de levantar las sanciones impuestas por Trump, pero esa táctica sería un error, señalan los investigadores en un artículo en South Florida Sun Sentinel.

   LeoGrande y Kornbluh recuerdan que en su vasta obra sobre las negociaciones hay pruebas de cómo fracasaba el diálogo a medida que había precondiciones para los cubanos.

   Trump insistió en que la isla cambiara su sistema de gobierno y abandonara su apoyo a Nicolás Maduro o enfrentaría una escalada de sanciones económicas, dicen los académicos. Agregan que La Habana rechazó ese intento de “extorsión diplomática”, como lo hizo cuando Carter pidió que los cubanos salieran de África, Reagan pidió que se fueran de Centroamérica o George W. Bush pidió que reconstruyeran su país a semejanza de Estados Unidos.


                                      Una barbería en La Habana, en marzo de 2020. Foto Ap




Otros frentes


   CDA y WOLA creen que Cuba puede influir en una posible salida a la crisis venezolana, como un esquema de elecciones equitativas, y recuerdan la intervención de la isla en soluciones negociadas en los conflictos de Angola, Centroamérica y Colombia. Pero subrayan que la nueva aproximación a La Habana debiera estar separada de cualquier curso que tome la situación en el país sudamericano.

   De una u otra manera, las fuentes citadas aluden al nuevo escenario en el que se moverá Biden: la inminente salida de Raúl Castro de su último cargo público, el de primer secretario del Partido Comunista, prevista para abril de 2021; la existencia de un nuevo líder cubano, Miguel Díaz-Canel, que por primera vez en décadas no lleva el apellido Castro, no tenía edad para tomar responsabilidades durante la Guerra Fría y que es 18 años menor que el presidente estadunidense. Y, por supuesto, los cambios de distinto signo en la sociedad cubana.

   La IX Cumbre de las Américas, un foro al cual ya se incorporó Cuba, está convocada en Estados Unidos en 2021 y será oportunidad para el reencuentro simbólico, recuerda el informe CDA-WOLA. 

   “Cuba no está en la agenda de grandes problemas”, dice Hernández. “Pero precisamente por eso, puede servir como efecto demostrativo menos complicado y cauteloso que darles un vuelco a las relaciones con China e Irán y a la política inmigratoria. Fue exactamente esa lógica la que impulsó a Obama a invertir sus últimos dos centavos de capital político en una cuestión tan secundaria como Cuba”.

   


   

   

   

   

domingo, 13 de diciembre de 2020

LeCarré: el espía que escribió del frío

  

   David Cornwell trabajó para la inteligencia británica (MI6) entre 1950 y 1964. Casi al final de esa carrera giró hacia el oficio que lo llevaría al éxito mundial, bajo el seudónimo de John LeCarré. A su muerte, a los 89 años, deja escrita una gran crónica de la guerra fría.



                                             John LeCarré. Foto Afp


   Una de sus novelas cumbre se basa en una historia real y públicamente conocida y confirmada: la del británico Harold (Kim) Philby, cuya reputación ha trascendido a su propia muerte como el espía más audaz y rentable de cuantos hayan trabajado para la Unión Soviética, el que más daño causó en la guerra fría a occidente y el que más lejos llegó bajo patrocinio de Moscú a las entrañas de la inteligencia enemiga.

   No es otro sino Philby el personaje retratado por LeCarré en Tinker, tailor, soldier, spy (Hojalatero, sastre, soldado, espía, 1974) o El topo, como se conoció en español, instalado en lo más alto del MI6, nada menos que a cargo de asuntos soviéticos. En este clásico el enigma se resuelve gracias a George Smiley, a quien la agencia saca de la jubilación en su apacible departamento de la Bayswaterstreet, para encargarle la tarea. En realidad Philby sobrevivió al cargo y todavía cumplió varias misiones dobles hasta que se refugió en 1963 en la URSS, donde recibió condecoraciones, murió y fue sepultado en el cementerio de Kúntsevo, reservado para los héroes soviéticos.





   Smiley fue el personaje central de LeCarré, un anti-héroe, solitario, taciturno, escéptico, que desde sus conjeturas mordaces se burla de cómo se contradicen la solemnidad y las proclamas nacionalistas con el pragmatismo del espionaje en el que casi todo se puede comprar o vender, traicionar u olvidar.    

   El agente investigador aparece muy temprano en The spy who came in from the cold (El espía que vino del frío, 1963) y sigue en las historias de LeCarré, sumando años al parejo que su autor, convertido en una especie de alter ego. “A los dos nos cuesta recordar los momentos felices. No es algo que me ocurra con naturalidad, tengo que esforzarme”, le dijo alguna vez el escritor a The Times. Nada que ver con James Bond.

   LeCarré escribió aún después de la caída del Muro de Berlín, convencido de que ahí no había terminado todo. Salió poco del teatro de operaciones centro-europeo, pero llegó a mover los reflectores hacia algunos focos de conflicto como Chechenia, el Congo y el Medio Oriente. Sólo en The tailor of Panama (El sastre de Panamá, 1996) volteó hacia América Latina. Acá se perdió muchas historias.

   


martes, 13 de octubre de 2020

Padura y "Como polvo en el viento"

 

   El pasado domingo 11 de octubre conversé con Leonardo Padura, para presentar su más reciente novela, Como polvo en el viento. Fue una charla virtual, en la plataforma de la Feria Internacional del Libro del Zócalo de la Ciudad de México. 

   Padura nos ha acostumbrado a desentrañar el enigma de sus novelas enmedio de una reseña del contexto social, que se convierte en una especie de narración en off. Esa sucesión de cuadros costumbristas, de monólogos interiores del detective Mario Conde, de prolija descripción de La Habana y de la fraternidad que fragua con la pierna asada y la botella de ron, integran una línea narrativa que corre paralela a la anécdota. Ahí va, en los códigos del barrio, la reflexión del autor sobre el pasado que explica al presente.

  En Como polvo en el viento el escritor nos entrega historias accidentadas de vidas que se fragmentan al tener que asumir el imperativo de la emigración. Nos hace detener la mirada en el fondo de las decisiones, en las ideas y sentimientos que retumban en los personajes y los llevan al tormento que conduce a un viaje a veces sin retorno.







   De esa forma el autor relata pensamientos, emociones y trastornos que son algo así como el saldo subjetivo del periodo especial, la crisis cubana post-soviética, de cuyos efectos materiales y visibles hay un amplio catálogo de testimonios.


   Del encono que persiste entre algunos sectores de la emigración y de algunos entre quienes deciden quedarse en Cuba, Padura citó en la conversación el alegato de  uno de sus personajes: “Todas las razones para irse son válidas y todas las razones para quedarse también son válidas. Lo único que hay que exigir es respeto por una u otra decisión”.


   Y así remató la charla: “No puedo concebir que los cubanos vivamos enfrentados con otros cubanos y que la política sea el rasero que separe a un cubano de otro. Creo que todo lo que se pueda hacer por obtener esa conciliación es necesario, porque la patria no es de nadie, la patria es de todos los cubanos, estén donde estén, aunque hayamos sido arrastrados como polvo en el viento”. 

Aquí la conversación completa:




sábado, 21 de abril de 2018

Cuba: el poder y la reforma



   Además del relevo generacional que lo marca, el reacomodo de la dirigencia cubana también trajo señales sobre el futuro del ejercicio del poder y de la reforma económica.
   En la práctica quedó descartada la conjetura de que Cuba pasaría en un mediano plazo a una división de tareas entre un jefe de Estado, uno de gobierno y un líder del partido único, como en Vietnam.
   Por el contrario, Raúl Castro anunció que la nueva Constitución, que empezará a formularse este año, dará “todo el poder” al líder del partido, que al mismo tiempo será jefe de Estado y de gobierno. Ese es el horizonte de Miguel Díaz-Canel, quien sin embargo podrá tener un primer ministro a cargo de la administración pública, como en China.
   Pero, a diferencia de Xi Jinping, que puede relegirse hasta el infinito, Díaz-Canel tendrá sólo dos mandatos posibles para un ejercicio total de diez años. 
   Como primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), hasta el próximo Congreso, en 2021, Raúl es el “líder actual del proceso revolucionario”, subrayó el nuevo mandatario.
   Díaz-Canel se comprometió a exigir que se cumpla el plan de reforma y llamó a “corregir errores”. Se propone avanzar “sin prisas pero sin pausas, sabia advertencia del compañero Raúl”.



                                                 Foto Ap




   Raúl, a su vez, se extendió en el punto y fue explícito: su cálculo inicial era que para estas alturas habría más avances y un nueva Constitución. 
   Pero “no se logró asegurar la participación de los organismos, organizaciones y entidades para que desde la base fueran capaces de orientar, capacitar y controlar la adecuada implementación de las políticas aprobadas”, dijo Raúl, en una elíptica referencia a la negligencia, omisión o franca resistencia de la burocracia en sus distintos niveles para eludir la ejecución de los cambios.
   Además, agregó el primer secretario, se “requería vencer el obstáculo colosal de una mentalidad cimentada en décadas de paternalismo e igualitarismo, con secuelas significativas en el funcionamiento de la economía nacional”.
   Contra la percepción general de estancamiento, ofreció ampliar el marco del trabajo por cuenta propia y de las cooperativas no agropecuarias, gérmenes de la pequeña empresa privada.
   Sin embargo, esta vez se abstuvo de frenar las demandas de aceleración de las reformas o de justificar la lentitud, lo que había hecho en años anteriores. No repitió su “sin prisas pero sin pausas”.
   Como ha sido una constante, Raúl Castro criticó una vez más a los medios de comunicación cubanos, incapaces de “llegar oportunamente hasta el último ciudadano con exposiciones y explicaciones claras y entendibles”. Más de una década de reproches en esta línea que, al parecer, chocaron con la pared.
   Díaz-Canel dijo de la nueva Asamblea Nacional que su composición social, de género, raza y edad refleja “casi en la misma proporción” la del país. Pero el comparativo falla en la adhesión política: la quinta parte del Consejo de Estado y el 96 por ciento del parlamento provienen del PCC o de su rama juvenil, cuando en la calle esa militancia representa cerca del 14 por ciento de los electores.
   Con claras confirmaciones de que no hay cambios esenciales en el sistema de partido único, Raúl aludió al fantasma del colapso socialista en la Unión Soviética y Europa del Este, que se mantiene como la línea roja infranqueable: “Hay errores que no podemos cometer, como los que dieron al traste con procesos importantísimos para la humanidad y cuyas consecuencias las hemos pagado muchos países”.








lunes, 22 de enero de 2018

Cubanos en EU

Los cubanos eran en 2016 el séptimo mayor grupo de inmigrantes en Estados Unidos y en promedio tenían mayor edad y menores ingresos que otras comunidades de extranjeros en ese país. 
Estos son algunos resultados de una radiografía que publicó recientemente el Instituto de Política Migratoria (MPI, organización independiente con sede en Washington) y que también encontró lo siguiente:
-Los cubanos en Estados Unidos eran en 2016 un millón 272 mil, cerca del 3 por ciento del total. El 78 por ciento vivía en la Florida, muy lejos de la ubicación del resto. Los otros conglomerados más numerosos estaban en Nueva Jersey (4 por ciento) y California (3).
-Por zonas de residencia la concentración también era muy clara: el 64 por ciento residía en el área metropolitana de Miami. El segundo mayor asentamiento estaba en Nueva York (6 por ciento).
-Tenían menor dominio del inglés y hablaban ese idioma menos en casa que otros extranjeros
-Su promedio de edad (53 años) era mayor que el de otros extranjeros (44). Más de la cuarta parte de los cubanos residentes en Estados Unidos tenía 65 años o más. 




                                          Cubanos residentes en Miami llegan a La Habana. Foto Ap


-Su promedio de nivel educativo era menor que el de otros extranjeros (22 por ciento de adultos de 25 años o más tenía un grado de bachiller o superior, contra el 30 por ciento de otros inmigrantes)
-Su presencia en la fuerza laboral era menor que otras comunidades foráneas, en parte por el alto promedio de edad, pero se empleaban en cualquier rama de la producción y los servicios
-Sus ingresos en promedio (39 mil dólares anuales) eran menores que otros extranjeros en Estados Unidos (54-58 mil)
-Las familias cubanas que vivían en pobreza eran proporcionalmente similares a las de otras nacionalidades (15 por ciento)
-Tendían más que otros extranjeros a adquirir la ciudadanía estadunidense, en parte por la Ley de Ajuste, que acelera el trámite.
-La mayoría de los cubanos (53 por ciento) llegó a Estados Unidos antes de 2000; una cuarta parte lo hizo entre 2000 y 2009 y el 23 por ciento en 2010 o después; proporcionalmente el flujo migratorio se aceleró en la última década
-La mayoría de los cubanos que obtuvieron residencia permanente lo hicieron por la vía de la protección humanitaria; en el año fiscal 2015, el 88 por ciento de los 54 mil cubanos que recibieron la tarjeta verde tenían la categoría de “refugiados”, en contraste con el 14 por ciento del resto de extranjeros.





Inmigrantes cubanos en Estados Unidos 1980-2016. Gráfica MPI






lunes, 13 de noviembre de 2017

Padura en México



   Lento y sigiloso, Leonardo Padura emprendió el ascenso desde la planicie central de México hacia la capital, para evadir así un choque frontal con los dos mil 200 metros de elevación de la antigua Tenochtitlán. La última vez que salió del nivel del mar de La Habana y aterrizó de golpe en esas alturas, hace casi dos décadas, la presión le pasó la cuenta. Se desmayó y ya no quiso intentar algo parecido. Así que trazó la táctica del ascenso pausado: salir de Guadalajara por carretera, cruzar el Bajío y acercarse al pasito a su destino.
   El plan dio resultado y el novelista pudo desahogar sin problemas de salud una trepidante agenda en la Ciudad de México, que iniciaba con el amanecer y terminaba poco antes del día siguiente. Apenas pudo tomar unos brevísimos descansos, en los que alcanzó a rendir honores a uno que otro tequila. Con la pompa de rigor, recibió el honoris causa de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Muy lejos del pulover y las bermudas con los que caminaría en Mantilla, en el Palacio de Minería vistió la muceta y el birrete medievales, propios de su nuevo grado académico. 



Padura recibe el doctorado 'honoris causa' de la UNAM. A su derecha, el rector Enrique Graue. Foto Jesús Villaseca


   La lista de honrados en ese rango por la UNAM puede ser un retrato del siglo XX, en el que están, entre notables científicos y humanistas nacionales y extranjeros, Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Juan Ramón Jiménez, José Gaos, Claude Lévi-Strauss, Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Fernando Savater, José Emilio Pacheco, Noam Chomsky, Carlos Monsiváis, Mario Vargas Llosa y Eduardo Lizalde. En 107 años sólo hay dos cubanos en ese registro. Uno es Manuel Márquez-Sterling (1872-1934), el periodista, escritor y político a quien se recuerda en México porque, más allá de sus obligaciones como embajador de la isla, respaldó y defendió al presidente Francisco I. Madero, cuando los golpistas derrocaban y asesinaban en 1913 al jefe del primer gobierno de la Revolución Mexicana. El otro originario de la isla en la relación de ilustres es Padura. De ahí que el novelista subrayara, cada vez que podía, que su distinción lo era para la cultura cubana. 
   En su último día de actividades Padura volvió a tocar la historia con las manos. Habló a cientos de lectores que se apretujaron en la Casa Museo León Trotsky, a cuyos pequeños espacios ya no pudo entrar otra multitud que se quedó frustrada en la calle. El escritor recordó el momento de octubre de 1989, cuando su primera visita al sitio donde fué asesinado el revolucionario ruso le causó una conmoción. Observar aquellos muros altos, la puerta metálica reforzada, el torreón donde se apostaban los vigilantes armados custodiando al fundador del Ejército Rojo, fueron como una semilla sembrada en su conciencia. El estremecimiento se disparó tiempo después, cuando se enteró de que Ramón Mercader había vivido en Cuba entre 1974 y 1978. Tenía que escribir la historia y ahora lo dice con una cita de Marco Aurelio, el emperador sabio: “Aquello estaba deseando ocurrir”. Después de años de investigación, conversaciones, lecturas y relecturas, el autor cree que el crimen salió de la mente enferma de Stalin, pero sobre todo del propósito de acallar la verdad.



En la Casa Museo León Trotsky de México, Esteban Volkow, el escritor marxista Alan Woods y Leonardo Padura.

   En la casa donde Trotsky pasó su exilio mexicano, Padura vivió experiencias únicas: volvió al lugar del crimen con la novela no sólo escrita, sino traducida a 30 idiomas; conoció personalmente a Esteban Volkow, el nieto de León Davidovich, que era un niño cuando, en ese mismo lugar, escapó de milagro al fracasado ataque a tiros contra su abuelo. El escritor pudo, en fin, recibir el homenaje que le rindió ante los lectores ese hombre de origen ucraniano, ingeniero químico, ahora de 92 años, único testigo vivo de la tragedia. Con El hombre que amaba a los perros, dijo Volkow, Padura ha demostrado que es posible retornar al pasado y recrear los hechos con gran veracidad. Ha contribuido a restablecer la verdad y la memoria histórica.    
   
   
  
  







viernes, 16 de junio de 2017

Cuba: Trump aviva la hoguera


  Alguna ventaja tiene el anuncio de Donald Trump sobre su política hacia Cuba: después de meses de hablar generalidades, por fin se sabe que la Casa Blanca decidió volver a elevar el peso del anticastrismo de Florida en las decisiones hacia la isla.
   La forma del anuncio dijo tanto como el fondo. Los discursos fueron ardientes proclamas de guerra fría, en el típico escenario del exilio más antiguo y radical: el teatro Manuel Artime de La Pequeña Habana.
   “Prometí ser una voz en contra de la represión”, le dijo Trump a su auditorio. “Ustedes escucharon ese juramento y salieron a las urnas y votaron. Y aquí estoy yo, como les prometí”.
   No se molestó el presidente en recordar que Hillary Clinton ganó en los condados del sur de la Florida de mayor presencia cubana.



Cubanos en La Habana siguen el discurso de Trump en Miami, este viernes 16 de junio. Foto Xinhua


   Por ahora en algunos aspectos hay un retroceso a la época de Bush hijo. Se perfila un fuerte daño a las relaciones bilaterales, y en consecuencia, un repunte del foco de tensión regional que ya parecía en vías de extinción.
   El ambiente empeora y puede envenenar el trabajo bilateral en el día a día. Habrá consecuencias negativas para algunas empresas estadunidenses, que reducen su horizonte de negocio, y para los ciudadanos que vuelven a tener más limitaciones a su derecho de libre movimiento.
   También dañará a los emprendedores cubanos, que ya estaban en plena construcción de su mercado de turistas del norte.
   En la medida en que los intransigentes en Estados Unidos se sientan cómodos en un ambiente de confrontación, es posible que en Cuba se vigoricen las voces que también se sienten más cómodas en el choque.
   Trump dijo una frase rotunda: “Con efecto inmediato, cancelo por completo el acuerdo unilateral con Cuba de la última administración”.  Se refiere a la directiva presidencial de Obama de 2016 para la normalización de relaciones. 
   Pero en el Memorandum de Seguridad Nacional, firmado hoy, o en el documento de 'background' de la Casa Blanca, o en el de preguntas y respuestas de la Oficina de Control de Activos del Tesoro, no hay señales de un desmantelamiento integral de las relaciones.
   Sólo se confirmaron las medidas anticipadas en la prensa: restricción de negocios con las corporaciones militares cubanas y un regreso a la era de los obstáculos a los viajes de los estadunidenses a la isla.
    En cambio, y mientras no haya otra indicación, subsisten las relaciones diplomáticas, las embajadas, los vuelos y cruceros comerciales, los viajes y las remesas de los cubanos a la isla y, hasta donde se conoce, el paquete de acuerdos en materias tan diversas como medio ambiente, áreas protegidas, seguridad para la navegación marítima, los viajeros y el comercio; búsqueda y salvamento marino, meteorología y otras.

   Tampoco, que se sepa, cesa de inmediato la cooperación en la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y la trata de personas. A menos que la tirria contra los militares cubanos se siga de frente.



             Trump en el teatro Manuel Artime de Miami, este viernes 16 de junio. Foto Afp